La Violencia contra los Niños

“Tengo siete años”

Diario de una criatura no nacida.

Vídeos de maltrato infantil

A un mes del crimen de su hija, la madre busca recuperar la libertad

7.11.10


PABLO SEGURA Y EXEQUIEL FERREYRA redaccion@elsoldiario.com.ar

 El 12 de setiembre, toda la provincia de San Luis se estremecía por una noticia policial. Días después, la conmoción se apoderaba de Mendoza y luego del país entero. Guadalupe Rebeca Di Falco, de apenas cuatro años, había sido asesinada brutalmente y sufrido innumerables maltratos durante, al menos, seis meses. Hoy se cumple un mes de aquel fatídico día y El Sol, en este informe, repasa lo que sucedió y lo que vendrá. Mientras la Justicia investiga a tres personas (entre ellas, la madre de la niña), se siguen sumando testimoniales, como la de la abuela de la pequeña y la de su presunto padre, un gomero de Maipú, quien comparecería hoy ante los tribunales (ver aparte). 

     El terrible caso de maltrato infantil se conoció cuando la pequeña fue hallada por personal policial en una casa de calle Los Inmigrantes al 1500 de la capital de San Luis. Estaba tendida en una cama, con evidentes signos de maltrato. Presentaba varias quemaduras de cigarrillo en el cuerpo, tenía un labio partido, el cráneo hundido, los codos luxados y hasta cabellos arrancados, entre otras lesiones, además de una avanzada desnutrición. Los efectivos dijeron que tenía lágrimas en los ojos y los pómulos. Sufrió hasta morir. 

    Toda esta brutalidad se atribuyó a la pareja que tenía el cuidado de la pequeña por decisión de su madre, Débora Di Falco, de 21 años, una joven maipucina que dio a luz a Guadalupe en nuestra provincia. A Miguel Ángel Riquelme (45) y Dora Videla (31), quienes hoy están acusados de homicidio doblemente agravado por alevosía y ensañamiento, el juez de la causa les dictó prisión preventiva y se encuentran en la cárcel de la capital de San Luis. La progenitora de Guada, como llamaban a la niña, también fue imputada por dos delitos: decidieron atribuirle abandono de persona doblemente agravado por el vínculo y supresión de identidad, y fue enviada a prisión. 

     Sobre su situación procesal, trascendió ayer que el viernes, a través de su abogada, Nidia Sartor, presentó la apelación a la prisión preventiva dictada por el juez Jorge Sabaini Zapata, la que será definida por una cámara de apelaciones. Con esto, Débora busca recuperar la libertad. El caso desnudó una realidad que pocos quieren ver pero que casi todos conocen. El hombre acusado por el crimen estaría involucrado en la trata de personas –principalmente con niños– y la madre de Guadalupe dejó a su hija en la casa de Riquelme y se prostituía tanto en Mendoza como en San Luis. En medio quedó la vida de la niña que sólo vivió cuatro años, aunque para ella fue una eternidad por los castigos recibidos. 

SIGUE LA CONMOCIÓN. Tan aberrante y salvaje fue el crimen de Guadalupe que los presuntos autores del hecho fueron encontrados en el mismo lugar, como si no tuvieran nada que ver con el episodio. Incluso, algunas fotografías de los medios de comunicación muestran a Riquelme apoyado en una pared con total tranquilidad, pareciendo desconocer que la chica que estaba a su cuidado acababa de ser hallada asesinada a golpes. Este hombre llamó a la policía y le dijo que la pequeña había caído del techo de la casa. A los pocos minutos estaba en una celda, porque su versión era inverosímil. Por esto, el titular del Segundo Juzgado de Instrucción, Jorge Sabaini Zapata, quien se hizo cargo de la pesquisa desde ocurrido el caso, no dudó en imputar horas después a este sujeto y a su pareja, con quien tenía seis hijos. Con el avance de la pesquisa, comenzó a escribirse una novela en torno a la madre de la niña. 

    Diez días después de que su hija fuera asesinada, Débora fue detenida cuando bajaba de un colectivo en Jocolí, Lavalle, con la intención de ir a la casa de su madre. La joven quedó alojada, en aquellos días, en la Oficina Fiscal N°6 de Las Heras, por la denuncia de averiguación de paradero que había radicado su madre, Graciela Di Falco. Al llegar a la dependencia, rompió en llanto y empezó a hablar del crimen, hasta admitir que se enteró de la muerte de Guadalupe por la red social Facebook. Ese mismo día, mientras era indagada en Las Heras, a 200 kilómetros, en el Cementerio Parque de la Quebrada de San Luis, era inhumado el cuerpo sin vida de su hija. 

    Sólo asistieron efectivos de Homicidios y la defensora de Menores de la provincia puntana, Rina Mercau. A partir de allí, la Justicia puntana empezó a transitar lo que, tal vez, se trasformó en uno de los casos más conmocionantes de la vecina provincia. El viernes 24, una comitiva de efectivos policiales puntanos llegó hasta Mendoza, y Débora fue retirada del penal de El Borbollón para ser trasladada a San Luis. El viaje fue seguido por decenas de periodistas de ambas provincias. A esta altura, la pareja acusada de homicidio ya estaba alojada en la penitenciaría con prisión preventiva. 

     La joven de 21 años fue trasladada directamente al Juzgado de Instrucción N°2. Allí, la esperaban los pesquisas y una manada de periodistas. Volvió a llorar y no declaró, para luego pedir ver las fotos de su hija, aunque los sabuesos no se lo permitieron hasta días después. De esta forma, Débora quedó incomunicada y recién tres días más tarde se sentó frente al juez para declarar. Eran las 10.15 del miércoles 29 cuando la madre de Guadalupe empezó a ser indagada por los funcionarios judiciales. Su relato se extendió por más de siete horas y quedó plasmado en 30 hojas. Contó que decidió dejarle su hija a esta pareja para viajar a Mendoza con el objetivo de prostituirse. 

    La intención era, según ella, reunir dinero, para luego recuperar a Guadalupe. Amplió que consumía cocaína, detalló su tormento desde pequeña y entró en un shock –que duró unos treinta minutos y se requirió de personal médico para calmarla– al ver las fotos de su hija muerta. En ese sentido, sobresalió una frase de Débora: “La mataron porque me escapé de un prostíbulo”. Eso es investigado por los sabuesos. La joven declaró cada detalle de su vida y también de su otra hija, Fátima, quien lleva el apellido Riquelme. Esta niña, de poco más de un año, nació en San Luis y Débora se hizo pasar por Dora Videla en el hospital. 
 
       La instrucción señala que Riquelme vendió a esta criatura por “unos 40 mil pesos”. Esto le generó a Débora Di Falco sumar otra acusación, esta vez, por supresión de identidad. Por este expediente, la jueza de Familia Viviana Elizabeth Oste difundió un comunicado de prensa en las últimas horas dando a conocer algunos puntos sobre el tratamiento de la noticia, en lo que respecta a la vida de la hermana de Guadalupe. “Disculpen no poder brindar mayores detalles sobre el caso, me lo impide la ley. Por ello, merece la redacción del presente comunicado, a partir del cual es responsabilidad de todos permitirle a la menor que desarrolle su vida en paz y tranquilidad, gozando de sus derechos”, señala el escrito, y concluye: “A los comunicadores sociales y a todos quienes se han preocupado por la situación de la niña y su futuro, quiero transmitir tranquilidad y pedirles que confíen en el accionar de la Justicia.

     Hacerles saber que lo que he resuelto y lo que resuelva en el futuro tendrá un solo bien y un solo interés protegido: la menor”. Así las cosas, con dos personas seriamente comprometidas en el homicidio, la Justicia continúa con la pesquisa. En las últimas horas trascendió que serían citados a declarar la abuela de la niña y el supuesto padre de la menor, quien aseguró no ser el progenitor de Guadalupe. Mientras tanto, la sociedad aún sigue conmocionada por el hecho. Marchas y pedidos de justicia se multiplican día a día. El mensaje es simple: que se haga justicia y que estos hechos no se repitan más.


El caso de Guadalupe, la niña mendocina torturada y asesinada en San Luis hace un mes, te sacude el pensamiento. Te estremece. Te eriza la piel. ¿Qué motiva a una o varias personas a cometer semejante acto de crueldad contra una criatura de apenas cuatro años? Es un misterio y cuesta hallar una respuesta. Seguramente debe estar enlazada a sus crianzas. Los casos existen y difícilmente no sigan ocurriendo. Perpetua sería la condena más adecuada para quienes lo hicieron y destrozaron la vida de una niña que se merecía cuidados y amor. Podemos escribir cien mil palabras en contra de este tipo de actos que están más ligados al salvajismo que a acciones de seres humanos civilizados. Pero qué nos lleva a nosotros, los ciudadanos, a castigar con calificativos despiadados y a condenar, antes de que lo haga la Justicia, que se encuentra en plena etapa de instrucción, a su madre, Débora Di Falco, sin conocer desde la entraña los motivos que la llevaron a dejar a su hija en manos de terrestres que luego la torturaron y asesinaron y merecen el peor de los castigos previsto en el Código Penal Argentino.      En Facebook se abrió una cuenta llamada Yo Pido Justicia para Guadalupe Di Falco, y la opinión pública contra la joven de 21 años nos lleva seriamente a reflexionar. Deja mucho que desear el pensamiento ciudadano y no aporta ni una idea constructiva. Es devastador. Los miembros de la red social que allí dejan plasmada su opinión son durísimos y piden, entre un sinfín de castigos, la muerte para Débora. No hay ni una crítica positiva que ayude a evitar la presencia de estos casos en las barriadas. El debate productivo vinculado a la prevención y a evitar el maltrato infantil está ausente. Para ayudar a construir un país más seguro, lejano a esta triste realidad que nos cuesta asimilar, la opinión colectiva, que hoy más que nunca está democratizada a través de la redes sociales, debería  presentar otro giro, orientado más a la solución de los conflictos y no al fomento del agravio de personas que parecen déspotas. “Me gustaría conocerle la cara a esa yegua, gritarle y maltratarla hasta el cansancio!!! Hay que entregarla al pueblo de San Luis y lapidarlaaaaaa”, escribió Silvana en el muro.     “Qué clase de ‘madre’ abandona a una hija tan bonita como ella para ir a joder?; ¿qué clase de ‘madre’ permite que torturen a su hija? He conocido mujeres que no quieren a sus hijos pero ellas, por lo menos, los dejan para adopción, otras cuidan a sus hijos como oro, le hacen frente a todo sin importar quién sea, pero esto? es una atrocidad. Eso es de poca mujer, una que no sabe valorar la criatura que tenía sólo por darle bola a la joda. No te mereces la muerte ni la cárcel, no... no... no... Vos te mereces la tortura de por vida; el castigo de haber nacido, de dejar a tu hija en mano de otro, de no cuidarla... sos joven pero boluda a la vez...”, escribió otra joven. “Hija de puta, gata de mierdaaa... Sidosa de mierdaaa... Ojalá que te hagan lo mismo como le hiciste a tu propia hija, hdp”, expresó Soii Maxii. Después de leer esto, cuesta creer que convivimos con personas que tienen como grito de guerra la pena de muerte ante la aparición del delito.      Débora Di Falco, que hace poco dejó la adolescencia, no fue una buena madre porque tampoco tuvo una buena madre. Estuvo en un orfanato a los 5 años, porque su mamá, Graciela, tampoco la protegía del mundo exterior. La dejaba sola en la calle. No tuvo un modelo a seguir. A los 14 volvió a un hogar estatal y, al poco tiempo, comenzó a prostituirse. Lo reconoció ante el juez de la causa. Seguramente, Débora sabía que su pequeña no estaba bien cuidada en la casa de los homicidas y por esto le corresponde algún tipo de castigo que la Justicia determinará. Sin embargo, algunos prefieren que siga el trágico camino de su hija y sea asesinada, si es mejor, después de torturada. Otros, los más centrados, no.

El juez de la causa, Jorge Sabaini Zapata, citará en los próximos días a la madre de Débora, Graciela Di Falco. Muchas de las personas que han declarado en el expediente aseguran que la mujer “tiene un importante grado de culpabilidad” en el hecho. Por otro lado, trascendió que Humberto Núñez, quien es propietario de una gomería en Maipú, comparecerá hoy ante los juzgados puntanos, ya que Débora Di Falco dijo, durante su indagatoria, que es el padre de Guadalupe, situación que el hombre desmintió ante la prensa.

Hoy habrá una nueva marcha   El revuelo que causó la noticia provocó, rápidamente, que la sociedad se movilizara. Primero en San Luis, donde más de 2.200 personas realizaron una marcha exigiendo justicia por el crimen de la pequeña. Los puntanos caminaron por las principales calles de la Ciudad bajo el lema: “No nos callemos más”. Luego, fue el turno en Mendoza, donde el sábado 25 de setiembre se realizó una marcha que reunió a una importante cantidad de gente, aunque sin alcanzar la multitud de la primera en San Luis. Hoy en la provincia puntana habrá otro reclamo popular frente a los tribunales.
 Los testimonios en el expediente que está por comenzar su cuarto cuerpo son de lo más variados. Hablaron desde policías y forenses hasta vecinos de la niña. “No me quieren, duermo con los perros”, le comentó Guadalupe a Mary, una mujer que habló con la pequeña un mes antes de que fuera asesinada. Esa mujer habló con la Policía y los uniformados la derivaron a la Justicia, donde no encontró una respuesta que ofreciera una solución al problema

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