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¡Se acerca el fin de la esclavitud moderna!

5.5.10

“La libertad de un ser humano es una parcela de la libertad universal; no es posible lesionar una sin comprometer al mismo tiempo la suerte de la otra.” Victor Schoelcher, Periodista Y Político Francés (1848).
“¿CUÁL es esa parte tan sombría del ser humano que lo autoriza desde siempre a despreciar al Otro, a sojuzgarlo, a envilecerlo [...]?”, preguntan los redactores de la revista El Correo de la UNESCO. “¿Y cómo ha permanecido impune ese crimen contra la Humanidad incluso después de la consagración de los Derechos Humanos?”
La respuesta es compleja: la avaricia está detrás del uso de mano de obra infantil barata y del fenómeno del trabajo cautivo; cuando se vende a jovencitas para la prostitución y el matrimonio servil, se culpa a la pobreza y la falta de educación; las costumbres religiosas y culturales contribuyen a la esclavitud ritual, y, en el caso de los varones que visitan Bangkok o Manila en busca de jovencitos y jovencitas sin sida, el motivo llano es perversión sexual e inmoralidad. Todo lo anterior es característico de un mundo en el que los hombres son “amadores de sí mismos, amadores del dinero, [...] sin tener cariño natural, [...] sin autodominio, feroces”, en palabras del apóstol Pablo, abogado del siglo primero (2 Timoteo 3:1-5). Es parte de un mundo en el que “lo que se hace torcido no se puede enderezar, y no hay manera de contar lo que falta”, por citar a Salomón, un estadista de la antigüedad (Eclesiastés 1:15).
Cambio de mentalidad
¿Significa esto que nada se puede hacer, o que nada se hará, para acabar de forma permanente con la esclavitud, sea que se manifieste de forma tradicional o en sus más recientes modalidades? ¡De ninguna manera!
La Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos (OACDH) declara que la esclavitud es “una situación mental”, y añade: “Aun después de abolida, deja rastros. Puede perpetuarse como una condición mental —en las víctimas y sus descendientes y los herederos de quienes la practicaron— mucho después de haber desaparecido oficialmente”.
De modo que una forma de abolir la esclavitud sería mediante un cambio de mentalidad —un cambio en el corazón— a escala mundial, y eso implica un cambio en la educación: enseñar a la gente el amor y el respeto mutuos. Significa ayudarla a desarraigar de su corazón la codicia y a regirse por altas normas de moralidad. ¿Quién puede suministrar ese tipo de educación? La OACDH dice que “todos debemos poner de nuestra parte para conseguir un orden mundial que no tolere más la explotación inhumana”.
Examine el programa educativo que la comunidad cristiana de los testigos de Jehová ha impartido por todo el mundo. Mediante este eficaz programa se ha enseñado a personas de corazón honrado a no tolerar ni disculpar la explotación inhumana, y millones de personas de más de doscientos treinta países han aprendido a tratar con dignidad a todos sus semejantes. ¿A qué se debe el éxito de este programa?
A que se basa en la Biblia, libro inspirado por el Creador del hombre. La Biblia concede mucha importancia a la dignidad humana. Las personas instruidas en ella mediante el programa educativo de los testigos de Jehová aprenden que nuestro Creador, Jehová, es un Dios de dignidad (1 Crónicas 16:27). Y él la confiere a toda Su creación, tanto a hombres como a mujeres de toda raza, antecedente social y condición económica (véase el recuadro “¿Quién conseguirá libertad y dignidad para todos los hombres?”).
La igualdad y el respeto a la dignidad
La Biblia enseña que Dios “hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra” (Hechos 17:26). Por esa razón, nadie puede arrogarse la supremacía sobre otros seres humanos ni el derecho a oprimir o a explotar a los demás. La persona dispuesta a aprender llega a comprender que “Dios no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto” (Hechos 10:34, 35). Se da cuenta de que el amor de Dios abarca a todo el mundo, dado que el privilegio de tener una relación estrecha con Él está accesible a toda persona. De hecho, “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Dicha educación bíblica tiene un profundo impacto en la personalidad. Mediante ella, el corazón y la mente de las personas pueden ser totalmente “renovados” (Efesios 4:22-24, El Testamento “Nueva Vida”). Las impulsa a tratar a sus congéneres con dignidad y respeto, de modo que se deciden a obrar “lo que es bueno para con todos” (Gálatas 6:10). Nadie puede ser verdadero cristiano y al mismo tiempo participar en la explotación y opresión inhumana de su semejante. Los testigos de Jehová se alegran de ser parte de una comunidad cristiana como la del siglo primero, en la que ‘no había ni judío ni griego, ni esclavo ni libre. Todos eran una persona en unión con Cristo Jesús’ (Gálatas 3:28).
Cambio de gobernación
No obstante, para acabar permanentemente con toda forma de esclavitud, es necesario que se produzca un cambio radical en la sociedad humana. La Organización Internacional del Trabajo dice que, a fin de acabar con la explotación de los seres humanos, es preciso “cambiar el ambiente que permite y disculpa” tal explotación. Otras recomendaciones presentadas por dicho organismo son que se tomen medidas internacionales y que se busque la cooperación de todos los países y el compromiso de la comunidad mundial.
Lógicamente, esto exigiría la existencia de una potencia capaz de ejercer amplio control sobre nuestro planeta y de garantizar la libertad universal. Boutros Boutros-Ghali, anterior secretario general de las Naciones Unidas, dijo que los serios problemas que aquejan al mundo tienen que resolverse “a escala mundial”. Pero no todos están tan seguros de que eso se pueda lograr. La experiencia demuestra que mucha gente que está en el poder es demasiado egoísta y está demasiado interesada en sus propios asuntos y objetivos como para que se logre tal cooperación internacional.
Sin embargo, la Biblia, el mismo libro que ha enseñado a millones de personas a respetar la dignidad de su prójimo, muestra que Dios se propone establecer ese gobierno mundial. En la Biblia encontrará muchas promesas sobre un nuevo mundo de justicia (Isaías 65:17; 2 Pedro 3:13). El propósito divino es eliminar de la Tierra a cualquiera que no ame ni a su prójimo ni a Dios. Nuestro Creador ha revelado su determinación de instaurar un régimen mundial que gobernará con justicia sobre la humanidad. Jesús nos enseñó a pedir dicho gobierno en la oración conocida comúnmente como el padrenuestro (Mateo 6:9, 10).
El abuso contra los seres humanos y toda forma de esclavitud desaparecerán bajo este gobierno, porque Cristo, el Rey, reinará “por medio del derecho y por medio de la justicia” (Isaías 9:7). A los oprimidos se les libertará bajo Su gobernación justa, pues la Biblia dice: “Él librará al pobre que clama por ayuda, también al afligido y a cualquiera que no tiene ayudador. Le tendrá lástima al de condición humilde y al pobre, y las almas de los pobres salvará. De la opresión y de la violencia les redimirá el alma” (Salmo 72:12-14).
Si anhela ver el fin de la esclavitud —toda forma de esclavitud—, lo invitamos a aprender más sobre el propósito de Dios de establecer este gobierno mundial libertador. Los testigos de Jehová de su localidad están dispuestos a ayudarle a obtener dicho conocimiento.
[Ilustración y recuadro de la página 11]
¿QUIÉN CONSEGUIRÁ LIBERTAD Y DIGNIDAD PARA TODOS LOS HOMBRES?
  Todos nacemos con la necesidad y el deseo de disfrutar de dignidad y libertad. Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, se hizo eco del sentimiento universal cuando preguntó: “¿Quién puede negar que todos nosotros buscamos vidas libres de miedo, tortura, discriminación? [...] ¿Cuándo han escuchado una voz libre que exija el fin de la libertad? ¿Cuándo han oído que un esclavo defienda la esclavitud?”.
  Tales ideas no son precisamente nuevas. Por ejemplo, Séneca, filósofo romano del siglo primero, descartó la creencia de que algunas personas nacen para ser esclavos cuando escribió en sus Cartas a Lucilio: “Piensa tú que ese que llamas tu esclavo, nacido de la misma semilla, goza del mismo cielo, respira igual, igual vive y muere igual [que tú]”.
  Imam ‛Alī, reverenciado como el cuarto califa después de Mahoma, dijo que todos los hombres son “iguales en creación”. Sa‛di, poeta persa del siglo XIII, declaró: “Los hijos de Adán son miembros unos de otros, y en su creación proceden de una sola sustancia. Cuando el mundo inflige dolor a un miembro, los demás se perturban”.
  El relato histórico divinamente inspirado que encontramos en la Biblia resalta la dignidad de toda persona. Por ejemplo, Génesis 1:27 describe así la creación del ser humano: “Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó”. Nuestro Creador es un Dios de libertad. “Donde está el espíritu de Jehová, hay libertad”, escribió el apóstol Pablo (2 Corintios 3:17). Al crear al hombre a su imagen y semejanza, Jehová confirió a los seres humanos valía personal, amor propio y dignidad. Él se asegurará de que la gente goce para siempre de dicha libertad y dignidad libertando a Su creación de “la esclavitud a la corrupción” (Romanos 8:21).
Toda persona tiene derecho a la dignidad y la libertad
LA EDUCACIÓN BÍBLICA RECALCA EL RESPETO A LA DIGNIDAD HUMANA Y OFRECE LA ESPERANZA DE UN FUTURO NUEVO MUNDO
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