La Violencia contra los Niños

“Tengo siete años”

Diario de una criatura no nacida.

Vídeos de maltrato infantil

¿Quiénes son los esclavos de hoy en día?

5.5.10

PIENSE en las cifras: unos doscientos o doscientos cincuenta millones de niños menores de 15 años se pasan trabajando la mayor parte del tiempo que están despiertos; durante 1995 y 1996 se reclutó para la lucha armada a un cuarto de millón de niños, algunos de tan solo siete años, convirtiéndose de ese modo en esclavos de la guerra; más de un millón de mujeres y niños son vendidos como esclavos cada año, según ciertos cálculos.
Pero no es posible expresar con fríos números la desesperación de esas personas. Por citar un ejemplo: en un país del norte de África, la escritora Elinor Burkett conoció a Fatma, una joven que se las arregló para escaparse de su cruel amo. Tras conversar con ella, Burkett llegó a la conclusión de que Fatma “sería por siempre una esclava en su propia mente”. ¿Puede esta joven siquiera soñar con un futuro mejor? “Sus planes no pueden proyectarse más allá del amanecer —dice Burkett—. El futuro es uno de los muchos conceptos abstractos de los que ella carece.”
Así es, en este preciso momento, millones de nuestros congéneres viven en esclavitud sin ninguna esperanza. ¿Por qué y cómo se les esclaviza? ¿A qué formas de esclavitud se les somete?
El tráfico humano
El folleto turístico que se distribuyó en Estados Unidos no podía ser más directo: “Turismo sexual en Tailandia. Chicas de verdad. Sexo de verdad. Económico de verdad. [...] ¿Sabía usted que puede comprar una muchacha virgen por tan solo 200 dólares?”. Lo que el folleto no decía es que esas muchachas “vírgenes” muy probablemente fueron secuestradas, o vendidas contra su voluntad a burdeles, donde tienen de diez a veinte clientes al día, y que las golpean si no rinden sus servicios sexuales. En Phuket, una isla vacacional al sur de Tailandia, cinco prostitutas murieron calcinadas al incendiarse un burdel. ¿Por qué? Los dueños de las muchachas las habían encadenado a sus camas para que no trataran de escapar de su cautiverio.
¿De dónde salen estas jóvenes? De acuerdo con ciertas investigaciones, millones de muchachas y mujeres de todo el mundo son secuestradas o coaccionadas y vendidas a la prostitución para satisfacer las demandas de este sector de la industria sexual. Y el mercado sexual debe su florecimiento a la combinación de la pobreza de los países en desarrollo, la riqueza de los países acaudalados y las leyes que toleran el tráfico humano internacional y el servilismo por contrato.
Según cálculos de organizaciones femeninas del sudeste asiático, treinta millones de mujeres de todo el mundo fueron vendidas desde mediados de los años setenta hasta principios de los noventa. Los mercaderes de esclavos recorren estaciones de ferrocarril, poblados empobrecidos y calles de las ciudades en busca de muchachas y adultas jóvenes de apariencia vulnerable. Las víctimas por lo común carecen de educación, son huérfanas, han sido abandonadas o están en la miseria. Las seducen con falsas promesas de recibir un empleo, las exportan y las venden a burdeles.
A raíz del desmoronamiento del bloque comunista en 1991, se ha formado una nueva generación de muchachas y mujeres pobres. La liberalización, la privatización y la creciente desigualdad de clases han resultado en más delitos y en mayor pobreza y desempleo. En Rusia y Europa oriental, muchas jovencitas y mujeres adultas se han convertido en una mina de oro para la prostitución internacional organizada. “Es menos arriesgado el tráfico de seres humanos que el de drogas”, comentó Anita Gradin, anterior comisaria de la justicia europea.
La infancia perdida
En una pequeña fábrica de alfombras de Asia, niños de tan solo cinco años de edad trabajan de las cuatro de la mañana a las once de la noche sin recibir paga. Muchos trabajadores infantiles como ellos están expuestos a grandes riesgos para la salud: maquinaria insegura, largas horas con pobre iluminación y mala ventilación, y peligrosas sustancias químicas empleadas en la fabricación de determinados productos.
¿Por qué se cotiza tanto la mano de obra infantil? Porque es barata y los niños por naturaleza son dóciles, fáciles de disciplinar y demasiado asustadizos como para quejarse. Patronos sin escrúpulos ven en su pequeño cuerpo y sus hábiles dedos valiosos haberes para ciertos trabajos, como el tejido de alfombras. Es frecuente que sean los niños quienes reciban el empleo, mientras los padres están sentados en casa sin trabajo.
Para hacer más lastimosa la situación, resulta que los niños que laboran en el servicio doméstico son especialmente vulnerables al abuso sexual y físico. A muchos de ellos los secuestran, los aíslan en campos remotos y los encadenan por la noche para impedir que escapen. Durante el día trabajan en la construcción de carreteras y en canteras, por ejemplo.
Otra práctica que despoja a los niños de su infancia es el matrimonio servil. Anti-Slavery International explica un caso típico: “Se le dice a una niña de 12 años que su familia ha arreglado su matrimonio con un hombre de 60. Supuestamente, ella tiene derecho a negarse; pero en la práctica, no tiene oportunidad de ejercer ese derecho, y ni siquiera sabe que lo tiene”.
La tiranía de la deuda
Cientos de miles de trabajadores son esclavos de sus amos o sus lugares de empleo debido a los préstamos que ellos mismos o sus padres han recibido. Por tradición, el trabajo cautivo se presenta principalmente en zonas agrícolas, donde los trabajadores atienden las tareas del hogar o del campo. A veces, la deuda se pasa de generación en generación para tener siempre esclavos de una misma familia; en otras ocasiones, los prestamistas le venden los derechos sobre la deuda a un nuevo patrono. Hay situaciones extremas en las que los cautivos no reciben pago alguno por su trabajo, o se les compromete con relativamente pequeños anticipos de su sueldo, que se repiten indefinidamente y los convierten en esclavos del patrono.
La esclavitud ritual
Binti es originaria de África occidental, tiene 12 años y es una de las miles de muchachas que sirven de trocosi, palabra que en el idioma ewé significa “esclavas de los dioses”. Está obligada a vivir en esclavitud y penitencia por un pecado que no cometió: la violación que condujo a su propio nacimiento. Por el momento, sus responsabilidades se limitan a atender las tareas del hogar de un sacerdote fetichista de la localidad, pero con el tiempo incluirán servicios sexuales al sacerdote, que es su dueño. Cuando llegue a la mediana edad, Binti será reemplazada, pues el sacerdote habrá encontrado a otras muchachas atractivas que le sirvan de trocosi.
Miles de víctimas del cautiverio ritual, como Binti, trabajan como esclavas porque su familia las ofreció en su afán de purgar lo que interpretan como pecado o violación de un decreto sagrado. En varias partes del mundo se obliga a las jovencitas y mujeres adultas a realizar labores religiosas y prestar servicios sexuales a los sacerdotes o a otras personas, con el pretexto de que están casadas con alguna deidad. En muchos casos, las mujeres ejecutan otras tareas sin recibir paga. No son libres de irse a vivir a otro lugar o cambiar de trabajo, y es frecuente que su servidumbre dure muchos años.
La esclavitud tradicional
A pesar de que la mayoría de los países afirman haber abolido oficialmente la esclavitud, hay zonas en las que recientemente ha resurgido en su forma tradicional, por lo común en regiones desgarradas por conflictos civiles y bélicos. “En las zonas de conflicto se ha suspendido de forma eficaz la fuerza de la ley —indica Anti-Slavery International—, lo que permite a los soldados o a los combatientes armados obligar a la gente a trabajar para ellos sin pagarles [...] y sin temor a represalias; se ha denunciado la existencia de tales prácticas principalmente en territorios controlados por grupos armados que no han alcanzado reconocimiento internacional.” No obstante, según la misma organización, “también se han recibido informes recientes de que miembros del ejército obligan a civiles a trabajar como esclavos, fuera de todo contexto legal. Se ha sabido asimismo que el ejército y los combatientes civiles han tomado parte en la trata de esclavos, vendiendo a los prisioneros para que trabajen para otros”.
Lamentablemente, la maldición de la esclavitud continúa plagando a la humanidad en todas sus formas y modalidades. Deténgase un momento y piense de nuevo en las cifras: los millones de personas que sufren como esclavos por todo el mundo. Ahora, piense en uno o dos ejemplos de esclavos actuales de quienes ha leído en estas páginas, como Lin-Lin o Binti. ¿Desea que se ponga fin a este crimen, la esclavitud moderna? ¿Será realidad algún día la abolición de la esclavitud? Antes de que eso suceda, es necesario que haya cambios drásticos. Lea sobre estos cambios en el siguiente artículo.
[Nota]
Véase “El trabajo infantil pronto se erradicará”, en ¡Despertad! del 22 de mayo de 1999.
[Ilustración y recuadro de la página 6]
EN BUSCA DE SOLUCIONES
  Diversos organismos oficiales, como el UNICEF y la OIT (Organización Internacional del Trabajo), diligentemente elaboran y ejecutan estrategias para la eliminación de la esclavitud moderna. Además, una gran cantidad de organizaciones no gubernamentales, como Anti-Slavery International y Human Rights Watch, se han esmerado por lograr una mayor conciencia pública de la esclavitud contemporánea y por liberar a sus víctimas. Algunas de estas organizaciones abogan por el uso de etiquetas especiales que especifiquen que los artículos no se fabrican empleando mano de obra esclava o infantil. Otras agencias piden que se promulguen leyes en las naciones donde se originan los “viajes sexuales”, a fin de que las personas que tengan relaciones sexuales con niños puedan ser enjuiciadas al regresar a su país. Algunos activistas de los derechos humanos han llegado al extremo de pagar grandes sumas de dinero a traficantes y amos para liberar a tantos esclavos como les sea posible. Esto ha provocado controversia, pues dichas prácticas pudieran generar un lucrativo mercado e inflar los precios.
[Ilustración de la página 7]
A muchas niñas se las obliga a casarse
[Reconocimiento]
UNITED NATIONS/J.P. LAFFONT
[Ilustración de la página 8]
Trabajadores cautivos en la fila de la comida
[Reconocimiento]
Ricardo Funari
[Ilustración de la página 8]
Se obliga a niños pequeños a incorporarse a la milicia
[Reconocimiento]
UNITED NATIONS/J.P. LAFFONT

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