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Cuando niñas dan a luz

6.5.10

UNA niñita de menos de seis años de edad por lo general todavía juega con muñecas y lleva una vida sin cuidados bajo la protección de sus padres. Pero una niña de cinco años y medio en el Perú dio a luz un niño allá en 1933. Dijo el tocólogo que asistió en el alumbramiento por operación cesárea: “Por una fantástica rareza de la naturaleza, sus órganos reproductivos se habían madurado cabalmente.”
Más recientemente, durante 1967, dos niñas de diez años, una en México y otra en la Argentina, llegaron a ser madres. En 1965 algunas autoridades de Filadelfia, Pensilvania, expresaron preocupación porque “una cantidad significativa de madres solteras son niñas de escuela de primera enseñanza de 11 y 12 años de edad.”—El Evening Bulletin de Filadelfia, 6 de diciembre de 1965.
“¡Asombroso!” es la reacción acostumbrada a esos informes. Sin embargo, los casos de niñas que dan a luz van aumentando continuamente. En Inglaterra la cantidad de muchachas de doce a dieciséis años de edad que dieron a luz hijos ilegítimos aumentó de 1.032 en 1939 a 2.048 en 1960. Comentando sobre el mismo problema en los Estados Unidos, un oficial del comité de beneficencia materna de la Sociedad Médica de Nueva Jersey dijo esto: “Una proporción elevada de nacimientos ilegítimos entre adolescentes refleja problemas de inteligencia inferior, hogares rotos, cultura social y económica inferior, y, a mayor grado, ignorancia.”
Normalmente las muchachas jóvenes alcanzan la posibilidad de llegar a ser madres a la edad de doce a catorce años. En un ambiente moral saludable por lo general se les evitan los rigores de la maternidad hasta que han disfrutado en gran manera de la felicidad inocente de la adolescencia. Es verdad que en épocas más tempranas —cuando existía un arreglo patriarcal entre los hebreos, por ejemplo— las jovencitas sí producían hijos. Sin embargo, aquella forma de sociedad protegía contra los abusos y las dificultades concomitantes a tales nacimientos. El matrimonio joven no se establecía por separado ni se valía por sí mismo. Continuaba bajo la superintendencia de los mayores, y sin duda las mujeres mayores se encargaban de que el nene, así como la madre joven, recibieran atención y entrenamiento.
¡Pero hoy la situación es diferente! Ahora, cuando las jovencitas salen encintas, ellas y su prole entran en mucha penalidad. En realidad, las mujeres demasiado jóvenes por lo general carecen de las cualidades que son deseables en una buena madre. A menudo irreflexivamente abusan de sus hijos, dejan que se cuiden solos y frecuentemente hasta se alegran de librarse de ellos si alguien se los quita de las manos. La maternidad prematura es una imposición cruel sobre la madre-niña. Revela degeneración grave de las condiciones y actitudes de la sociedad moderna.
Señalando un aspecto de la corrupción de las niñas, una encuesta efectuada en Inglaterra produjo evidencia que mostró que la cantidad de jovencitas que llegan a ser madres prematuramente comenzó a ascender excesivamente después de 1955. Se alegó que en ese año fue que comenzaron a aparecer las revistas especialmente diseñadas y dirigidas al sector adolescente de la sociedad, algunas de las cuales rayaban en lo pornográfico. Fue en ese año, también, que las casas de modas comenzaron a promover modas inmodestas para adolescentes y cuando la TV comercial se puso a complacer a los adolescentes con programas fuertemente cargados de sexo.
Los padres delincuentes también tienen que llevar gran parte de la responsabilidad por esas condiciones. Permiten a sus hijos una amplia libertad para la cual la gente joven carece totalmente de preparación. Carecen del valor moral necesario para formular reglas para el hogar y hacerlas cumplir consecuentemente. No ponen buen ejemplo a la generación más joven. Cierran los ojos a las prácticas malas de parte de sus hijos, como el fumar tabaco, usar drogas, las caricias amorosas y otras intimidades indebidas entre los sexos. Los animales disciplinan a sus hijuelos y amorosamente los protegen a través de sus años más vulnerables. Los padres humanos deberían hacer lo mismo y más.
Hoy, muchos creen que la respuesta a este problema de las niñas que dan a luz hijos es más educación sexual en las escuelas. Queda en pie el hecho de que es necesario iniciar la educación apropiada sobre esos temas íntimos antes de que los niños vayan a la escuela... sí, en el mismo hogar. Si a los jovencitos se les enseña desde una tierna edad moralidad bíblica, gobierno de sí mismos, honradez en los tratos con otros, no serán tan fácilmente víctimas de adultos depravados o voraces explotadores comerciales.
Y hablando de los adultos depravados, ¡imagínese la degradación moral, la bestialidad de los varones que, para satisfacer sus pasiones, no vacilan en tener relaciones sexuales con niñitas! Pero, ¿sorprenden esas condiciones? A los estudiantes de la Biblia no, porque ellos han tomado nota de las palabras proféticas de Jesús en cuanto a estos tiempos significativos: “Por el aumento del desafuero se enfriará el amor de la mayor parte.” (Mat. 24:12) ¿Y a qué se debe este enfriamiento? A haber rechazado a Dios y sus normas justas indicadas en la Biblia y a haber aceptado las enseñanzas falsas y filosofías de los hombres.
Los lectores de la Biblia pueden ver que estos son los “últimos días” de una sociedad inicua, pues recuerdan estas palabras del escritor bíblico Pablo: “En los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, . . . sin tener cariño natural, . . . sin gobierno de sí mismos, feroces, sin amor de la bondad, . . . amadores de placeres más bien que amadores de Dios.”—2 Tim. 3:1-4.
¡Con razón el decreto de Dios se dirige contra esta entera sociedad inicua en la Tierra y sus condiciones sumamente alarmantes y desagradables en lo moral, que exigen su destrucción pronto! (Sof. 3:8) ¡Con razón Dios se propone acabar con todos los aborrecedores de lo bueno de esa sociedad inicua, sus sadistas, sus depravados sexuales, sus padres insensibles y sus voraces y faltos de escrúpulos explotadores de niños! Su propósito amoroso, que pronto se cumplirá, es que los niñitos tengan la oportunidad de pasar a salvo los años juveniles... años que los equiparán para llevar una vida adulta satisfactoria eternamente.

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