La Violencia contra los Niños

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Apartando tiempo para ser buen padre

6.5.10

ES BUENO que los padres concienzudos se preocupen en cuanto a proveer las necesidades materiales de la vida de sus hijos... alimento, abrigo y ropa. Eso es apropiado y necesario.
Pero aun más importante es que los padres aparten tiempo para satisfacer las necesidades emocionales, mentales y espirituales de sus hijos.—Mat. 4:4.
Los hijos necesitan el amor y el cariño que los padres les pueden dar. Esto incluye abrazos y besos cariñosos, mostrándoles de manera física que se les ama. De hecho, sin esto, los pequeñuelos pueden llegar a estar perturbados emocionalmente, hasta desequilibrados mentalmente. Es por eso que se ha creído provechoso aun en los orfanatos hacer que enfermeras, u otras mujeres, vengan periódicamente para tomar en sus brazos a los niños y mostrarles cariño. Sí, Jehová creó a los hijos con esa necesidad, y proveyó adultos con la potencialidad de suministrarla.
Mientras crecen los niños, no se hace menos necesario el pasar tiempo con ellos. Particularmente cuando están en su adolescencia temprana, a medida que aumentan las presiones que se ejercen en ellos, a menudo los jovencitos se sienten acosados por problemas, dudas y preguntas. La escuela pública no está equipada para encargarse de todas estas cosas. Y la Palabra de Dios muestra que no es responsabilidad primaria de la escuela. Es responsabilidad de los padres el guiar a sus hijos. Esto solo se puede hacer comunicándose con ellos.
Discutiendo sus problemas
Gran parte de la ‘brecha en la comunicación’ entre los padres y los hijos en la actualidad es culpa de los padres. Muchos de ellos hasta cierto grado han abandonado su responsabilidad de pasar tiempo con sus hijos. No se dan el tiempo que se requiere para escuchar sus problemas y preguntas y suministrar consejo firme y al mismo tiempo bondadoso. Algunos esperan hasta que el niño tiene diez o quince años de edad para comenzar esta comunicación vital. Eso es demasiado tarde. Tiene que comenzar en la infancia.
Esta comunicación debe envolver una conversación bidireccional. Los padres realmente no pueden llegar a saber lo que sus hijos necesitan a menos que les presten atención. Esto no se lleva a cabo simplemente con mandarles todo el tiempo, diciéndoles lo que tienen que hacer y lo que no tienen que hacer. Un mando arbitrario de ese tipo puede hacer que se dirijan a otras personas cuando quieran tener consideraciones francas de algún asunto.
Tocante a esto, la Palabra de Dios dice: “Ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y consejo autoritativo de Jehová.” (Efe. 6:4) Al decir constantemente a los hijos qué hacer sin estimularlos a expresarse, sin razonar con ellos, quizás lleguen a estar cada vez menos y menos dispuestos a comunicarse... y en consecuencia se produce la ‘brecha.’
Aunque un jovencito haya hecho algo malo y necesite corrección o castigo, a menudo es provechoso que el padre razone con el niño, que le muestre lo que ha hecho mal, por qué es malo, cuáles son las consecuencias de tal acto y por qué otro derrotero es superior... todo desde el punto de vista de Dios. Eso requiere tiempo, pero es una buena inversión para el futuro del niño.
Es vital la unidad de los padres
Tocante a suministrar consejo, disciplina o hasta castigo, es vital que ambos padres adopten una posición unida.
A los niños les produce frustración ver que sus padres arguyen o sacan a relucir abiertamente sus desacuerdos, especialmente cuando en las dificultades están envueltos los hijos. Es calamitoso que el padre diga una cosa a sus hijos, y luego que la madre diga otra. Esto divide las emociones de los hijos y a menudo divide su lealtad.
El sacar a relucir sus desacuerdos enfrente de los hijos debe evitarse como la peste. Es un veneno que puede matar la unidad y felicidad de su familia. Es verdad que habrá desacuerdos entre esposo y esposa sobre diversas cosas. Pero éstos deben zanjarse EN PRIVADO, lejos de los hijos.
El hecho de que el esposo haya de ser “cabeza de su esposa” no quiere decir que sus puntos de vista sobre la manera en que han de manejarse los asuntos son los únicos importantes. (Efe. 5:23) Es un esposo sabio y amoroso el que presta atención cuando su esposa hace sugerencias y considera seriamente lo que ella dice.
En cuanto a la esposa, ella debe tenerle “profundo respeto a su esposo.” (Efe. 5:22, 33) Dios ha nombrado al hombre cabeza de la familia y lo ha equipado para ello. Por consiguiente, la esposa no debería tratar de usurpar o socavar la posición de su esposo como cabeza disputando con él enfrente de los hijos. No, ella debe honrar la posición de él. Ella no debe ser competidora, sino ayudante, pues al crear la mujer para el hombre Dios dijo: “Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él.”—Gén. 2:18.
Tomando decisiones finales
Sin embargo, después de una discusión privada sobre un asunto en particular, ¿qué se hará si todavía existe un desacuerdo entre esposo y esposa sobre cómo tratar a sus hijos? ¿Qué se hará entonces?
Entonces el proceder que tiene éxito óptimo, el que verdaderamente contribuye a las mejores condiciones, el que suministra la Palabra de Dios, es éste: “Como la congregación está en sujeción al Cristo, que así también las esposas lo estén a sus esposos en todo.”—Efe. 5:24.
Esto significa que el esposo tiene el derecho y la responsabilidad de tomar la decisión final. Aunque quizás la esposa no concuerde con él, ella obrará de acuerdo con ésta y la sostendrá una vez que él tome su decisión. Por supuesto, esto es a condición de que el esposo no le esté pidiendo a ella que haga algo que quebrante las leyes de Dios. Si él hiciera eso, entonces ella tendría que “obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres.”—Hech. 5:29.
Hay un capitán en cada barco. Jehová ha nombrado al hombre con esa capacidad para la familia. Oh, sí, él comete errores; pero ella también los comete. Pero el mayor error de ambos sería el no seguir este procedimiento ordenado por Dios y por consiguiente permanecer divididos.
La unidad de los padres tendrá un efecto muy saludable en los hijos. Aumentará su amor y respeto a sus padres, a la autoridad de los padres y a los arreglos de Jehová. Y aunque no lo haga, aunque los hijos permitan que las presiones exteriores influyan más en ellos y se aparten del consejo de sus padres después de tener suficiente edad para salir de su hogar, entonces los padres se pueden consolar con el conocimiento de que hicieron cuanto pudieron. Recuerde que, como muestra la Biblia, Esaú no resultó bueno como Jacob, aunque tanto Esaú como Jacob fueron gemelos y tuvieron la misma educación, siendo hijos de Isaac y Rebeca, que eran temerosos de Dios.
Hábitos de trabajo
También se requiere tiempo para suministrar educación práctica a los hijos. Todos deben contribuir con algo al bienestar de la familia, encargándose de cosas como la limpieza, cortar el pasto, poner la mesa, cocinar, lavar los platos, etc. Por supuesto, en lo que toca a los niñitos, su capacidad está limitada, y cometen errores. Pero no permita que estos errores le impidan a usted comenzar temprano esta educación.
Es una tragedia ver la gran cantidad de jóvenes de ambos sexos que no están preparados para sus papeles respectivos en la vida. ¡Algunas novias jamás han preparado una comida antes de casarse!
Los padres buenos comienzan a asignar tareas a sus hijos mientras son muy jóvenes, planeando juntos la educación hogareña progresiva de su prole. La madre puede darle a la niñita cosas que hacer para preparar las comidas o para ayudar a poner la mesa. Gradualmente, a través de los años, esto se puede ensanchar hasta que la niña haya aprendido a preparar toda la comida. ¡Cuán agradecidos estarán ella y su futuro esposo por esa educación!
El padre amoroso dedica tiempo a entrenar a su hijo para que asuma las responsabilidades de un hombre. Enséñele a hacer cosas de la casa a una edad temprana. Deje que utilice la brocha, el martillo u otras herramientas. Ayúdele a aprender cosas en las que se interesará más tarde, como el manejar un auto, asuntos monetarios, aun de tales cosas como seguros y pago de impuestos. Diríjalo a un oficio práctico para que lo utilice más tarde en la vida. Ayúdele a entender la composición emocional y necesidades diferentes de la mujer, asuntos que tiene que comprender si algún día quiere disfrutar de felicidad en el matrimonio.—1 Ped. 3:7.
También, enseñe a los jóvenes el respeto apropiado a otros, como aconseja la Palabra de Dios: “No critiques severamente a un hombre de mayor edad. Por lo contrario, ínstale como a padre, a los de menos edad como a hermanos, a las mujeres de mayor edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas con toda castidad.”—1 Tim. 5:1, 2.
El conocimiento de Dios
Sin duda, el mayor don que uno puede otorgar a sus hijos como buen padre es el conocimiento apropiado de Dios. Para eso, también, se requiere tiempo. ¿De cuánta importancia es esto? La Biblia contesta: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo.” (Juan 17:3) Ningún don que usted pudiera dar podría igualarse a ése... vida eterna. Sin embargo, usted coloca a sus hijos en el camino a la vida eterna enseñándoles los propósitos y requisitos de Dios.
¿Cuándo debe usted empezar a impartir la enseñanza sobre Dios a sus hijos? El apóstol Pablo hizo notar en cuanto a Timoteo esto: “Desde la infancia has conocido los santos escritos, que pueden hacerte sabio para la salvación.”—2 Tim. 3:15.
Cuando decimos enseñar a los hijos acerca de Dios, no queremos decir pasar esa responsabilidad a otra persona. Queremos decir sentarse en su propio hogar con ayudas para el estudio de la Biblia, como las que utilizan los testigos de Jehová en sus hogares, y que usted mismo le enseñe a su hijo, como su padre. Esto se debe hacer mucho antes de que vayan a la escuela.
Pero, ¿no son demasiado jóvenes los niños de edad preescolar para que se les enseñen cosas tan serias? ¡De ninguna manera! En realidad, la investigación reciente demuestra lo que siempre ha sido cierto, que los niños que mejor se comportan por lo general son aquellos cuyos padres han dedicado tiempo a enseñarles antes de los años escolares.
Los niños aprenden un idioma complicado para cuando tienen tres o cuatro años de edad. ¡De modo que ciertamente pueden aprender acerca de Dios! Es por eso que los testigos de Jehová instruyen a sus hijos pequeños en los caminos de Dios. Y mientras crecen es gran ayuda para ellos enseñarles a leer y escribir. Para cuando los niños comiencen a ir a la escuela, habrán progresado bien tanto en conocimiento de Dios como en la lectura y la escritura, lo cual les será provechoso a través de la vida.
Se obtienen resultados
Muchas experiencias de padres confirman que tal educación temprana produce buenos resultados. Por ejemplo, un testigo de Jehová escribe su experiencia cuando visitó a otra familia de Testigos que tenían una niña de tres años de edad y un niño de solo dieciocho meses de edad. Dice:
“Una noche después de regresar a casa de las reuniones de congregación [de los testigos de Jehová] le estuve hablando al niño y le pregunté si le gustaría jugar con un león. Inmediatamente supo de lo que yo estaba hablando y dijo en un tono que casi no pude entender: ‘Traigo mi libro.’ Trajo el libro De paraíso perdido a paraíso recobrado y buscó el dibujo de los leones de la página 17.
“Le pregunté acerca de otros animales y volvió las páginas hasta encontrar las páginas 40, 41, que muestran los animales que entraron en el arca. Le pregunté si sabía quién era Adán, y buscó el cuadro de la página 21 y señaló a Adán. También pudo identificar a Eva y la serpiente en las páginas 28 y 29.
“También le hablé a la niña, y ella pudo relatar la historia tras muchos de los cuadros del libro Paraíso. El caso de estos niños no muestra que sean más inteligentes que otros, pero sí muestra que un niño no tiene que llegar a la edad escolar para entender la Palabra de Dios.”
Solo apartando tiempo para enseñar la Palabra de Dios a sus hijos puede usted realmente determinar si están comenzando a entender y apreciar los propósitos de Dios. Si usted ha apartado tiempo para edificar tal aprecio en el corazón de sus hijos desde la infancia, entonces es posible que usted siegue el rico galardón de verlos desarrollarse hasta ser jóvenes de ambos sexos que tengan el temor de Dios. Como muestra Proverbios 22:6: “Entrena al muchacho [o a la muchacha] conforme al camino para él; aun cuando se haga viejo no se desviará de él.” ¡Qué satisfactorio es criar hijos que sean una honra para sus padres y para Jehová!—Pro. 23:24, 25.
Sí, el ser buen padre requiere gran esfuerzo. Pero bien vale la pena el tiempo y el empeño que se dediquen a ello. No solo se hace más genuinamente feliz la vida doméstica, sino que a los hijos se les coloca en el camino a la vida eterna en el nuevo orden de Dios. Y los padres pueden estar de pie delante de Dios con una conciencia clara, sabiendo que concienzudamente han cumplido sus responsabilidades de padres.
¿Aparta usted tiempo para estar con su hijo?
El apartar tiempo para ser un buen padre incluye enseñar a sus hijos la Palabra de Dios

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