La Violencia contra los Niños

“Tengo siete años”

Diario de una criatura no nacida.

Vídeos de maltrato infantil

Condenan a profesor por maltrato infantil

21.5.10

El condenado llegó al extremo de lanzar una pelota de baloncesto en el rostro a la menor, a quien también ofendía. 
Gregorio Morán
Un profesor de educación básica de una escuela de San Jacinto, en San Salvador, fue condenado por el delito de maltrato infantil en perjuicio de una de sus alumnas de nueve años de edad.
La Fiscalía General de la República acusó en dos procesos separados el año pasado a Carlos Arturo Chévez Alvarado, de 43 años de edad, por causar maltrato físico y emocional a dos alumnos del segundo grado en el cual impartía clases.
En el primer caso Chévez Alvarado maltrató a un niño de su clase, con cuya madre concilió en el Juzgado Quinto de Instrucción.
En esa ocasión el tribunal le ordenó que el profesor se sometiera a asistencia sicológica durante seis meses, y que no se acercara al menor ni a su representante legal.
Pero en un lapso de tres meses después de esta orden judicial, la FGR recibió otra denuncia de parte de la madre de una menor por el mismo delito de maltrato infantil.
Ayer se celebró la vista pública contra el profesor por este segundo hecho y el Tribunal Primero de Instrucción lo declaró culpable del maltrato, afirmó el fiscal del caso, Amílcar Tamayo.
La madre y la niña hablaron con LA PRENSA GRÁFICA y narraron cómo el profesor ofendía, ridiculizaba y hasta golpeaba con una pelota de baloncesto a la menor cuando esta se distraía en la clase.
Ahora el mentor deberá pagar ese delito con una pena equivalente a 18 meses de trabajos de utilidad pública que el Tribunal Primero de Vigilancia Penitenciaria deberá determinar.

Incrementan 11% consultas por maltrato infantil

Las estadísticas del Hospital Bloom registran 155 menores atendidos tras haber sufrido algún tipo de maltrato. En todo 2008 se atendió a 209.

Escrito por Loida Martínez Avelar 

Viernes, 28 agosto 2009  

 Los menores maltratados siguen tocando las puertas del hospital. También siguen ocupando sus camillas. El número de casos atendidos va en aumento.
De enero a julio de este año, las autoridades del centro asistencial infantil contabilizan 155 atenciones a menores maltratados, lo que significa un alza del 11% en comparación a 2008, según revelan las estadísticas del hospital.

El año pasado, en el mismo lapso, 139 niños fueron atendidos por la misma causa. En todo 2008, se recibió a 209 menores que sufrieron maltrato.
No solo el dengue y el virus de la gripe A (H1N1) concentran la atención de los médicos del Hospital de Niños Benjamín Bloom.
A los doctores del hospital infantil no les cabe la menor duda de que los niveles de violencia que ocupan una de las principales preocupaciones de la población han ayudado al alza de casos. Les preocupa que los números suban, pues faltan cinco meses del año.
“Está influido por el nivel de violencia que hay en el país. También contribuye el consumo de drogas y la desperación económica de los padres, que pierden el control y maltratan a los niños”, explicó el subdirector del nosocomio, Guillermo Lara Torres, quien además de sus funciones administrativas funge como neurocirujano en el Bloom y desde el consultorio ha visto pasar casos de infantes fuertemente golpeados en la cabeza por adultos.
Los victimarios en varias ocasiones son familiares. Por ejemplo, en enero un caso que conmocionó fue el de una menor de dos años atendida en el Hospital Bloom a la que su padre intentó asesinar hiriéndola en el cuello.
Los rangos de edades de los pequeños maltratados son todos los niveles que cubre el Bloom. Desde recién nacidos hasta niños de 12 años.
En los maltratos se incluyen traumatismos craneales en casos que van desde que los padres llevan a sus hijos a los curanderos y les dañan la fontanela (mejor conocida como mollera) hasta padres que lanzan a sus pequeños contra la pared.

Identificación de casos
Cada vez que reciben a un menor con sospechas de haber recibido golpes violentos o de haber sido abusado sexualmente los médicos que lo atienden efectúan una entrevista a los padres de familia o encargados para dar pauta a una mejor atención médica y notificar a las autoridades pertinentes.
Cuatro son las clasificaciones de maltrato: abuso físico, sexual, negligencia y abandono. 
Este año se reportan 20 atenciones por abuso sexual. Otros 34 niños han sido víctimas de los golpes y han sido atendidos en emergencia por dicha causa.
Pero no solo la violencia contra los niños está relacionada con el abuso físico; la negligencia de los padres que abandonan el tratamiento de sus hijos, que no acuden a las consultas o no les dan las medicinas son otras de las acciones catalogadas como maltrato infantil. En lo que va de 2009, 72 niños han sido presa de alguna de esas mencionadas acciones.
 Los casos de maltrato son notificados a la Fiscalía General de la República. Ahora, gracias a la firma de un nuevo convenio (nota aparte), también serán reportados a la Procuraduría General. En ocasiones, los niños son retenidos en el hospital hasta que los jueces indiquen su lugar de destino.
 Los tipos de maltrato
Cuatro son las tipificaciones de maltrato en el Hospital Bloom.
Abuso físicoLos golpes que en ocasiones dejan fuertes huellas emocionales en los pequeños es uno de los tipos de maltrato para el Bloom. Los neurocirujanos atienden varios casos por golpes en la cabeza que requieren operación.
NegligenciaNo todos los maltratos están relacionados con golpes. La irresponsabilidad de algunos padres de familia al suspender el tratamiento médico a sus hijos o no darle las medicinas también son otras formas de dañarlos.
Abuso sexualEl año pasado, el hospital de niños atendió a 17 menores que fueron agredidos sexualmente. En lo que va de 2009, 20 niños han sido atendidos por la misma causa, según notificó el subdirector del Bloom. 
AbandonoLas historia de abandono de pacientes luego de que son hospitalizados se repite en los centros de la red pública. El Bloom no es la excepción y en 2009 un total de cinco menores han sido abandonados.
En 2008
209
total de menores atendidos por maltrato en 2008. 
Este año
155
Han sido atendidos de enero a julio de este año. 
En 2008
139
Fueron atendidos de enero a julio.

¿Curar a los niños en casa?

6.5.10

En Brasil y en otras naciones existe el hábito de medicar sin discreción a los niños, señala el periódico Folha Online. Se ha vuelto común mantener en casa un surtido de fármacos. Pero “contrario a lo que piensan muchos, hasta la medicina que se consigue sin receta puede causar daños irreversibles a la salud del niño si no se administra bien o es innecesaria”. En la mayoría de los casos, dolencias infantiles como una simple tos se curan solas, sin necesidad de recurrir a los medicamentos. “Tenemos la mentalidad de resolver cualquier problema con fármacos”, señala Lúcia Ferro Bricks, pediatra del Instituto Infantil del Hospital de Clínicas, de São Paulo. También se abusa de los suplementos alimenticios, cuando en realidad la buena alimentación satisface casi siempre las necesidades del pequeño. Por ello, “si los padres me piden una receta de vitaminas, les digo que tomen unas cuantas frutas y le hagan un buen jugo al niño”, comenta la doctora.

La educación de niños bilingües

“Cuando se nutre con paciencia y sensibilidad, los idiomas múltiples pueden ser la fuente de una gran fortuna [para] los niños, sus familias y la sociedad en general”, afirma el diario Milenio, de la ciudad de México. Los estudios “concluyeron que los niños que hablan dos idiomas se desempeñan mejor en la escuela que aquellos que solo hablan uno”. A veces, los padres se preocupan cuando sus hijos mezclan palabras de ambos idiomas en una sola frase o cometen errores al aplicar las reglas de un idioma al otro. “Pero estos ‘errores’ gramaticales son triviales y se superan muy pronto —asegura el profesor Tony Cline, psicólogo especializado en el desarrollo del lenguaje infantil—. Si desde que el niño nace se le enseñan los idiomas de ambos padres, los absorberá naturalmente y, con el tiempo, sabrá diferenciarlos.

Las presiones que afrontan los jóvenes de hoy

LA ADOLESCENCIA es una etapa de la vida que puede resultar bastante difícil, incluso en las mejores circunstancias. Durante la pubertad, los jóvenes se ven invadidos por una serie de emociones y sentimientos nuevos. Afrontan presiones diarias de parte de maestros y compañeros. Se ven expuestos a la incesante influencia de la televisión, el cine, la música e Internet. De ahí que un informe de las Naciones Unidas defina la adolescencia como “una fase de transición que suele caracterizarse por el estrés y la ansiedad”.
Lamentablemente, los jóvenes carecen por lo general de la experiencia necesaria para sobrellevar bien el estrés y la ansiedad (Proverbios 1:4). Y si no reciben la dirección apropiada, pueden caer con facilidad en diversos tipos de conducta destructiva. Por ejemplo, el citado informe de la ONU dice: “Los estudios indican que el problema de la droga a menudo comienza durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta”. Lo mismo puede decirse de otras formas de mala conducta como la violencia y la promiscuidad sexual.
Sería un lamentable error que los padres pensaran que eso solo sucede entre “los pobres” o en ciertos grupos étnicos en particular. Los problemas que experimentan los jóvenes hoy trascienden las barreras económicas, sociales y raciales. “Si usted cree que un ‘delincuente juvenil’ solo puede ser un chico de 17 años perteneciente a alguna minoría de un barrio marginal, cuya madre es pobre y depende de la asistencia social, no está al día con la realidad”, dice el escritor Scott Walter. Y añade: “El niño problemático de nuestros días puede ser blanco, vivir en un hogar de clase media o clase media alta, tener menos (mucho menos) de 16 años y puede incluso ser una niña”.
Pero ¿por qué corren peligro de caer en esos tipos de conducta tantos jóvenes? ¿Acaso la juventud de otras generaciones no estaba también expuesta a problemas y tentaciones? Claro que sí, pero vivimos en una época que la Biblia cataloga como “tiempos críticos, difíciles de manejar” (2 Timoteo 3:1-5). Los jóvenes de hoy afrontan circunstancias y presiones exclusivas de esta época particular de la historia. Examinemos algunas de ellas.
Cambios en la familia
Analicemos, por ejemplo, los cambios en el ámbito familiar. “Más de un tercio de los niños estadounidenses pasan por la experiencia, antes de cumplir los 18 años, de que sus padres se divorcien”, informa la revista Journal of Instructional Psychology. Y se pueden citar datos parecidos de otros países occidentales. La separación de los padres suele ocasionar gran dolor emocional a los hijos. La citada revista dice que, “en general, a los niños que acaban de sufrir la desintegración de su familia les cuesta más desempeñarse bien social y académicamente que a los que pertenecen a familias intactas, o aquellas familias monoparentales o familias reconstruidas [las que cuentan con un padrastro o una madrastra] que lleven tiempo establecidas. [...] Además, es frecuente que el divorcio de los padres afecte la estabilidad emocional y la autoestima del niño”.
La creciente cantidad de mujeres que se incorporan al mercado laboral también ha alterado el ambiente familiar. Un estudio sobre la delincuencia juvenil en Japón indicó que las familias en las que ambos progenitores trabajan fuera de casa tienen más dificultades para atender a los hijos que aquellas en las que uno de ellos se queda en el hogar.
Hay que reconocer que muchas familias necesitan dos sueldos simplemente para cubrir las necesidades básicas. Además, con dos sueldos les pueden dar más comodidades a sus hijos. Pero hay un inconveniente: millones de niños regresan de la escuela a una casa en la que no hay nadie. Y cuando por fin llegan los padres, estos suelen estar cansados y preocupados por los problemas que han tenido en el trabajo. ¿Las consecuencias? Un sinnúmero de adolescentes están recibiendo menos atención de sus progenitores. “Mi familia no pasa tiempo junta”, se lamentó un muchacho.
Muchos opinan que esta tendencia no presagia nada bueno para los jóvenes. El doctor Robert Shaw comenta: “Estoy convencido de que las teorías sobre la crianza de los hijos surgidas en los últimos treinta años son las causantes de que haya tantos niños despegados, retraídos, con trastornos de aprendizaje e incontrolables”. Y añade: “Los padres se encuentran esclavizados por una sociedad materialista, caracterizada por un afán excesivo de logro, que los empuja a pasar tantas horas en el trabajo y a gastar tanto dinero que no consiguen hallar tiempo para hacer cosas que contribuyan a establecer lazos afectivos con sus hijos”.
Otro factor que amenaza el bienestar de los adolescentes es que cuando ambos progenitores trabajan fuera de casa, los hijos suelen pasar mucho tiempo sin supervisión, y es fácil que se metan en problemas.
Cambio de criterios sobre la disciplina
Los cambios de opinión tocante a cómo deben administrar los padres la disciplina también han influido en la juventud actual. El doctor Ron Taffel dice sin rodeos que muchos padres “renuncian a su autoridad”. Cuando esto sucede, los jóvenes crecen con pocas reglas o pautas que regulen su comportamiento, o sin ninguna.
En algunos casos, parece como si los padres quisieran evitarles a sus hijos las experiencias negativas que tuvieron durante su propia infancia. Desean que sus hijos los vean como amigos, y no como la figura que los somete a una disciplina férrea. Una madre admite: “Era muy blanda. Como mis padres habían sido tan estrictos conmigo, yo no quería hacer lo mismo, pero fue un error”.
¿A qué extremo llegan algunos padres? USA Today informa: “Una encuesta reciente llevada a cabo entre casi seiscientos adolescentes en tratamiento de desintoxicación en Nueva York, Texas, Florida y California indicó que el 20% de ellos habían tomado drogas [...] en compañía de sus padres, y que en el caso del 5% de los adolescentes, quienes los iniciaron en el vicio —por lo general la marihuana— fueron precisamente su madre o su padre”. ¿Por qué harían unos padres algo tan irresponsable? Cierta mujer confesó: “Le dije a mi hija que prefería que consumiera drogas en la casa, donde yo pudiera vigilarla”. Otros padres, al parecer, creen que drogarse con sus hijos es una manera de generar un vínculo afectivo con ellos.
El bombardeo de los medios de comunicación
Luego está la potente influencia de los medios de comunicación. Según la investigadora Marita Moll, cierta encuesta reveló que, en Estados Unidos, los jóvenes pasan diariamente un promedio de cuatro horas y cuarenta y ocho minutos frente al televisor o la computadora.
¿Es eso forzosamente malo? Un artículo publicado en la revista Science explicaba que “seis importantes sociedades profesionales de Estados Unidos”, entre ellas la Asociación Médica Americana, concluyeron unánimemente que existe una conexión entre la violencia que transmiten los medios de comunicación y “el comportamiento agresivo de algunos niños”. La revista añadía que “pese al consenso entre los expertos, la gente común no parece captar el mensaje de la prensa popular sobre el hecho de que la violencia en los medios de comunicación contribuye a crear una sociedad más violenta”.
Veamos, por ejemplo, el caso de los videos musicales. La mayoría de los padres se escandalizan de lo gráficos y eróticos que son algunos de ellos. ¿Pueden realmente influir en la manera de comportarse de algunos adolescentes? Según cierto estudio entre 500 universitarios, “la letra de las canciones violentas incrementa los pensamientos y sentimientos agresivos”. De acuerdo con otro estudio reciente llevado a cabo entre más de quinientas chicas, “cuanto más tiempo pasan las adolescentes contemplando las escenas de sexo y violencia que presentan los videoclips de rap gangsta, más peligro corren de imitar tales prácticas en la vida real”. Este mismo estudio reveló que las que pasaban mucho tiempo viendo videoclips gangsta eran más proclives a golpear a un profesor, a ser arrestadas y a tener múltiples parejas sexuales.
Los adolescentes y las computadoras
En los últimos años, la computadora también ha adoptado un papel importante en moldear la mentalidad de los jóvenes. De acuerdo con la revista Pediatrics, “la cantidad de ordenadores personales en los hogares ha aumentado drásticamente en las últimas décadas. [...] En Estados Unidos, dos tercios de las familias con un chico de edad escolar (de 6 a 17 años) tenían computadora [...]. El porcentaje de chicos estadounidenses de entre 3 y 17 años que tienen una computadora en casa aumentó de un 55% en 1998 a un 65% en 2000”. Esta tendencia se repite en otros muchos países.
Ahora bien, no es necesario que un joven tenga computadora para que pueda acceder a una. Por eso, un investigador afirma que “el 90% de los chicos de entre 5 y 17 años usan ordenadores, y el 59% se conectan a Internet”. Esto les permite acceder a una cantidad de información sin precedentes, lo cual es bueno si la computadora se utiliza de manera responsable y con suficiente supervisión por parte de un adulto. Pero, lamentablemente, muchos padres han permitido que sus hijos usen este medio sin ninguna restricción.
Como prueba de ello, la investigadora Moll escribe en la revista Phi Delta Kappan que, según una encuesta del año 2001 sobre el uso de Internet, “el 71% de los padres pensaban que sabían ‘mucho o bastante’ del uso que daba su hijo a Internet. Pero cuando se les formuló la misma pregunta a los niños, el 70% de ellos dijeron que sus padres sabían ‘muy poco o nada’ de lo que hacían al conectarse”. Dicha encuesta también indica que “el 30% de los niños de entre 9 y 10 años confesaron que visitaban salas de charla privadas y solo para adultos. Y el problema se agrava con la edad, pues el 58% de los chicos de entre 11 y 12 años, el 70% de los que tienen entre 13 y 14, y el 72% de los que tienen entre 15 y 17 dicen hacer lo mismo. [...] En una encuesta realizada en Gran Bretaña sobre el uso de Internet en casa, 1 de cada 7 progenitores admitió no tener ni idea de lo que sus hijos veían cuando se conectaban”.
El uso no supervisado de Internet puede exponer a los jóvenes a la pornografía y a otros peligros. El doctor Taffel, mencionado antes, se lamenta diciendo: “Como nuestros hijos hacen amistades en la escuela y en el ciberespacio, pasan tiempo con niños a los que, a menudo, no llegamos a conocer”.
Es evidente que la juventud actual está expuesta a presiones y problemas que no se conocían en otras generaciones. Por eso, no es de extrañar que el comportamiento de muchos adolescentes resulte alarmante. ¿Hay algo que pueda hacerse para ayudar a la juventud de hoy?
[Comentario de la página 6]
“Estoy convencido de que las teorías sobre la crianza de los hijos surgidas en los últimos treinta años son las causantes de que haya tantos niños despegados, retraídos, con trastornos de aprendizaje e incontrolables.”—DOCTOR ROBERT SHAW

Presten a sus hijos la atención que necesitan

¿TENÍA el Hijo de Dios tiempo para los niños? Parece que algunos de sus discípulos creían que no, pues en cierta ocasión procuraron impedir que los pequeños se acercaran a él. “Dejen que los niñitos vengan a mí; no traten de detenerlos”, dijo Jesús, y acto seguido reunió a un grupo de niños y se puso a hablarles (Marcos 10:13-16). De este modo, mostró que estaba dispuesto a prestar atención a los más pequeños. ¿Cómo pueden los padres de hoy día imitar su ejemplo? Siendo buenos maestros y pasando tiempo con sus hijos.
Claro está, dado que los padres responsables buscan el bienestar de sus hijos, no los maltratan. Es más, podría decirse que lo “natural” es que los traten con respeto y consideración. Sin embargo, la Biblia advirtió que en nuestros días muchas personas carecerían de “cariño natural” (2 Timoteo 3:1-3). Y para quienes son responsables y se interesan amorosamente por sus hijos, siempre hay algo nuevo que aprender. Tales padres agradecerán, por lo tanto, que se les recuerden los siguientes principios bíblicos.
Enseñar sin irritar
El eminente profesor y psiquiatra Robert Coles dijo en cierta ocasión: “El niño cuenta con un sentido moral interno en desarrollo. Pienso que Dios lo creó con esa necesidad acuciante de guía ética”. Ahora bien, ¿quién tiene que satisfacer esa hambre y sed de orientación moral?
En Efesios 6:4, las Escrituras exhortan: “Ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová”. ¿Se ha dado cuenta de que el texto coloca sobre el varón la responsabilidad de inculcar en sus hijos el amor a Dios y un profundo aprecio por las normas divinas? En el versículo 1 del capítulo 6 de Efesios, el apóstol Pablo se refiere tanto al padre como a la madre cuando exhorta a los hijos a ser “obedientes a sus padres”.
Por supuesto, cuando falta el padre, la madre debe asumir tal labor. Muchas madres solas han logrado criar a sus hijos en la disciplina y regulación mental de Jehová Dios. No obstante, si la madre se casa, el esposo cristiano tiene que tomar la iniciativa. Por su parte, la madre debería seguir de buen grado la guía de su esposo en la enseñanza y disciplina de los niños.
Ahora bien, ¿cómo disciplinar y enseñar a los hijos sin ‘irritarlos’? No hay una fórmula secreta, puesto que cada niño es diferente. Pero los padres deben pensar bien cómo administrarán la disciplina para que esta siempre demuestre amor y respeto por los hijos. Curiosamente, la idea de no irritarlos se repite en Colosenses 3:21, donde se advierte a los padres: “No estén exasperando a sus hijos, para que ellos no se descorazonen”.
Algunos progenitores gritan a sus hijos, lo cual sin duda exaspera a los pequeños. No obstante, la Biblia nos hace la siguiente recomendación: “Que se quiten toda amargura maliciosa y cólera e ira y gritería y habla injuriosa” (Efesios 4:31). Además, dice que “el esclavo del Señor no tiene necesidad de pelear, sino de ser amable para con todos” (2 Timoteo 2:24).
Dedíqueles tiempo
Prestar a sus hijos la atención que necesitan también implica estar dispuesto a sacrificar algunos placeres y poner a un lado su conveniencia personal por el bien de ellos. La Palabra de Dios declara: “Estas palabras que te estoy mandando hoy tienen que resultar estar sobre tu corazón; y tienes que inculcarlas en tu hijo y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6, 7).
En la actualidad, las obligaciones económicas cada vez exigen más de los padres, por lo que son muy pocos los que pueden pasar todo el día con sus hijos. Aun así, Deuteronomio recalca que los padres ‘tienen’ que encontrar tiempo para sus pequeños. Es verdad que habrá que organizarse bien y sacrificar algunas cosas, pero los hijos necesitan esa atención.
Piense en la conclusión a la que llegaron los autores de un estudio realizado entre más de doce mil adolescentes: “Un fuerte vínculo emocional con su progenitor es la mejor garantía de que el adolescente gozará de buena salud y evitará conductas peligrosas”. En efecto, los niños necesitan la atención de sus padres. Una madre preguntó a sus cuatro hijos: “Si pudieran tener cualquier cosa que desearan, ¿qué pedirían?”. Todos respondieron: “Más tiempo con mamá y papá”.
Así pues, ser progenitores responsables implica asegurarse de cubrir las necesidades de los hijos, como las de recibir educación espiritual y disfrutar de una amistad estrecha con sus padres. Supone ayudarlos a convertirse en adultos competentes, respetables y honrados que traten con bondad a su prójimo y traigan gloria a su Creador (1 Samuel 2:26). En efecto, los padres responsables enseñan y disciplinan a sus hijos de forma piadosa.
[Nota]
Pablo emplea aquí la palabra griega go·néusin, derivada de go·néus, que significa “progenitor o progenitora”. Pero el término griego empleado en el versículo 4 es pa·téres, que se refiere a los “padres” varones.

¿Masajes para bebés?

 CORRESPONSAL EN ESPAÑA
ANITA, una joven madre de Nigeria, baña a su hijita y a continuación la masajea con cuidado. Tanto ella como la pequeña se divierten mucho. “Para las madres nigerianas es una antigua costumbre que forma parte del cuidado de los bebés —explica Anita—. Mi madre nos daba masajes a mis hermanos y a mí. Es una excelente forma de tonificar los músculos del bebé y de relajarlo. Mientras lo hago, le canto a mi hija y le hablo, y ella balbucea y me sonríe. Es una experiencia maravillosa.”
El masaje infantil es común en muchos países y está ganando aceptación en Occidente. La Asociación Española de Masaje Infantil explica que es una técnica sutil, tierna y agradable, que permite a los padres comunicarse física y emocionalmente con el niño. Consiste en una serie de caricias suaves, pero firmes, en los pies y en las piernas del pequeño, así como en la espalda, el pecho, el estómago, los brazos y la cara.
¿Qué beneficios tiene el masaje para el bebé? Sobre todo, le transmite cariño y ternura. Un recién nacido no solo necesita que se le alimente, también ha de percibir que sus padres lo quieren. En vista de que el sentido del tacto se desarrolla muy pronto, cuando el padre o la madre lo masajean con delicadeza, le manifiestan su amor de una forma tangible. Mediante el tacto puede trasmitirse mucha información física y emocional al bebé. Por eso los masajes contribuyen desde un principio a fortalecer el lazo afectivo entre padres e hijos.
El masaje, además de expresar amor, enseña al bebé a relajarse, lo que contribuye a que duerma mejor y se sienta menos estresado. También tonifica los músculos y regula los sistemas circulatorio, digestivo y respiratorio. Algunas personas afirman que incluso fortalece el sistema inmunológico. Por otro lado, estimular el tacto, la vista y el oído, favorece la memoria y el aprendizaje.
Algunos hospitales también han investigado los beneficios del masaje infantil. Por ejemplo, un estudio reveló que los bebés prematuros que recibieron este tratamiento fueron dados de alta hasta siete días antes y aumentaron de peso incluso un 47% más que los que no lo recibieron.
Está claro que los adultos no son los únicos a quienes les beneficia un buen masaje. Obviamente, para los bebés es algo más que una simple técnica de relajación: es amor expresado con el calor de las manos, los delicados movimientos de los dedos y una gran sonrisa.

La crianza de niños con necesidades especiales

Markus (a la izquierda) tiene 20 años de edad, pero no puede comer, beber, ni bañarse sin ayuda. Duerme mal y hay que estar pendiente de él por las noches. Como es propenso a los accidentes, a menudo necesita primeros auxilios. Pero sus padres lo quieren muchísimo. Valoran su carácter tranquilo, amable y cariñoso, y aunque padezca discapacidades, se sienten orgullosos de él.
LA Organización Mundial de la Salud calcula que el 3% de la población mundial sufre algún tipo de retraso mental. Este tipo de discapacidad se debe, entre otras causas, a factores genéticos, lesiones en el parto, infecciones cerebrales en la primera infancia y carencias en la alimentación, así como a la exposición a fármacos, drogas, alcohol o sustancias químicas. En la mayoría de los casos se desconoce el origen del trastorno. ¿Cómo viven los padres la experiencia de tener un hijo con necesidades especiales? ¿De qué forma podemos animarlos?
Cuando se recibe la mala noticia
Las dificultades comienzan desde el momento en que los padres se enteran de que el niño padece una discapacidad mental. Sirkka recuerda: “Al oír que nuestra hija tenía el síndrome de Down, fue como si la casa se nos hubiera caído encima”. Anne, la madre de Markus, relata: “Cuando me dijeron que el niño padecería retraso mental, me preocupé por cómo lo verían otros. Pero pronto superé esa etapa y me concentré en sus necesidades y en lo que podía hacer por él”. Otra madre llamada Irmgard reaccionó de forma parecida: “Cuando los médicos nos explicaron que nuestra hija Eunike sufría una discapacidad, solo pensé en cómo podría ayudarla”. Tras un diagnóstico de ese tipo, ¿con qué opciones cuentan padres como Sirkka, Anne e Irmgard?
El Centro Nacional de Diseminación de Información para Niños con Discapacidades recomienda: “Una de las primeras cosas que usted puede hacer [...] es colectar información [...] sobre la discapacidad de su niño, sobre los servicios disponibles, y sobre cosas específicas que usted puede hacer para ayudar a su niño a desarrollarse al mayor grado posible”. De este modo sabrá las medidas que debe adoptar y los objetivos que debe trazarse al cuidar a su hijo. Es algo muy parecido a ir marcando en un mapa el itinerario de un viaje, anotando la distancia recorrida y los lugares visitados.
Un rayo de esperanza
A pesar de las dificultades, tras la nube negra que supone la discapacidad mental infantil asoma un rayo de esperanza. ¿En qué sentido?
En primer lugar, a los padres les consolará saber que por lo general estos niños no sufren. El doctor Robert Isaacson explica en su libro The Retarded Child (El niño retardado mental): “La mayoría son felices, disfrutan de la compañía de otras personas —como sus amigos—, de la música, algunos deportes y la buena comida”. Aunque sus logros sean menores y su mundo sea más reducido que el de los niños normales, a menudo son más felices en su “casita” que los niños normales en su “castillo”.
En segundo lugar, los padres tienen motivos para sentirse orgullosos de los logros que con gran esfuerzo alcanza su hijo. Para el niño, aprender cualquier tarea nueva es como escalar una montaña elevada, así que tanto él como sus padres tienen ante sí la satisfacción de mirar desde la cumbre todo lo que han subido. Pongamos por caso a Bryan, que padece esclerosis tuberosa, convulsiones y autismo. Aunque es inteligente, no puede hablar y apenas controla las manos. No obstante, ha conseguido aprender poco a poco a beber de una taza medio llena sin derramar el contenido. Alcanzar este grado de coordinación entre mente y cuerpo ha permitido a Bryan tomar por sí solo su bebida favorita, la leche.
Los padres de Bryan ven este logro como otra pequeña victoria sobre sus discapacidades. Laurie, su madre, afirma: “Nuestro hijo es como los árboles de madera noble. Aunque no crecen tan rápido como los demás, dan madera de gran calidad. De igual modo, los niños con discapacidades se desarrollan lentamente, pero para sus padres son como pequeños robles y tecas de valor duradero”.
En tercer lugar, a muchos padres les reconforta que estos niños sean por lo general muy cariñosos. Irmgard cuenta: “A Eunike le gusta acostarse pronto y siempre da un beso a cada miembro de la familia antes de irse a la cama. Si se va a dormir antes de que volvamos, deja una nota disculpándose por no estar levantada. Añade que nos quiere y que está deseando vernos por la mañana”.
Markus no puede hablar, pero con gran esfuerzo aprendió unas palabras en lenguaje de señas para decirles a sus padres que los quiere. Los padres de Tia, que padece una discapacidad progresiva, expresaron así sus sentimientos: “Ella llena nuestra vida de amor, ternura, afecto, abrazos y besos”. Sobra decir que este tipo de niños necesitan que los padres les brinden expresiones constantes de amor y cariño, tanto verbales como físicas.
En cuarto lugar, los padres cristianos sienten una satisfacción profunda cuando sus hijos manifiestan fe en Dios. Un buen ejemplo es el de Juha, quien, durante el funeral de su padre, sorprendió a todo el mundo cuando pidió permiso para pronunciar una breve oración, en la que dijo que creía que Dios tenía en su memoria a su padre y que iba a resucitarlo a su debido tiempo. Luego rogó a Dios que ayudara a los miembros de su familia y los mencionó a cada uno por nombre.
De igual manera, la confianza de Eunike en Dios hace felices a sus padres. Ella no llega a entender todo lo que aprende. Por ejemplo, conoce muchos personajes bíblicos, pero en su mente no los relaciona; son como piezas de un rompecabezas que no forman un cuadro completo. No obstante, capta la idea de que el Dios Todopoderoso librará un día a la Tierra de todos sus problemas. Eunike anhela vivir en el prometido nuevo mundo de Dios, donde gozará de plenas facultades mentales.
Fomentar una menor dependencia
Los niños discapacitados mentales no vivirán siempre en la infancia; crecerán y se harán adultos, igualmente discapacitados. Por ello, conviene que los padres los ayuden a no ser más dependientes de lo necesario. Anne, la madre de Markus, asegura: “Aunque para nosotros resultaba más fácil y rápido hacer todo por él, nos esforzamos al máximo por ayudarlo a lograr por sí solo todo lo que pudiera”. La madre de Eunike añade: “Tiene muchas cualidades extraordinarias, pero a veces es terca. Para conseguir que haga algo que no quiere, tenemos que apelar a su deseo de agradarnos. E incluso cuando acepta realizar la tarea, debemos estar pendientes y animarla hasta que la termina”.
Laurie, la madre de Bryan, busca constantemente maneras de hacer más plena la vida de su hijo. Durante un período de tres años, Laurie y su esposo enseñaron a Bryan a escribir en una computadora. Ahora Bryan tiene la inmensa satisfacción de enviar mensajes electrónicos a la familia y los amigos. Pero necesita que alguien le sostenga la muñeca mientras escribe. Sus padres lo están ayudando a progresar hasta el punto en que solo precise apoyo en el codo. Saben que esa distancia mínima del codo a la muñeca representa un enorme aumento de independencia.
Sin embargo, los padres no deberían esperar demasiado del hijo o presionarlo en exceso. Las posibilidades de cada niño son diferentes. El libro The Special Child (El niño con necesidades especiales) sugiere: “Lo más sensato es mantener el equilibrio fomentando la independencia del menor y dándole al mismo tiempo la ayuda necesaria para que no se frustre”.
La mayor fuente de ayuda
Los padres de un niño discapacitado necesitan gran paciencia y aguante. No es raro que, al acumularse los problemas, pasen por rachas de desesperación, se agoten, lloren o se autocompadezcan. ¿Con qué ayuda cuentan?
Pueden acudir a Dios, el “Oidor de la oración” (Salmo 65:2). Él nos da valor, esperanza y fuerzas para aguantar (1 Crónicas 29:12; Salmo 27:14). Nos consuela en nuestro dolor y desea que nos “regoc[ijemos] en la esperanza” que proporciona la Biblia (Romanos 12:12; 15:4, 5; 2 Corintios 1:3, 4). Los padres devotos pueden estar seguros de que en el futuro, cuando los ciegos vean, los sordos oigan, los cojos anden y los mudos griten de gozo, su querido hijo disfrutará también de salud física y mental perfecta (Isaías 35:5, 6; Salmo 103:2, 3).
¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?
▪ Informarse para saber más sobre la discapacidad de su hijo.
▪ Tratar de mantener una actitud positiva.
▪ Ayudar al hijo a desarrollar sus posibilidades de independencia.
▪ Pedir a Dios valor, esperanza y fuerzas.
¿QUÉ PUEDEN HACER OTRAS PERSONAS?
▪ Comunicarse de forma inteligente y sincera con el niño.
▪ Hablar con los padres sobre el niño y reconocer la labor que realizan.
▪ Tener en cuenta sus sentimientos y tratarlos con consideración.
▪ Participar en actividades con los padres y las familias de niños con necesidades especiales.
[Ilustración y recuadro de la página 26]
Cómo pueden ayudar otras personas
  Tal como el público admira la resistencia de los corredores de maratón, es posible que usted se maraville del aguante de los padres que cuidan de un hijo con discapacidad, veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Siguiendo el ejemplo del maratón: a lo largo de la ruta, la gente suele ofrecer a los corredores botellas de agua para ayudarlos a continuar. De igual modo, ¿puede usted brindar apoyo a los padres que cuidan de por vida a un hijo con necesidades especiales?
  Una forma de colaborar consiste simplemente en hablar con el niño. Puede que al principio usted se sienta incómodo, pues quizás obtenga poca o ninguna respuesta. No obstante, tenga en cuenta que a muchos de estos niños les gusta escuchar y es probable que reflexionen sobre lo que usted diga. En algunos casos su mente es como un iceberg cuya parte principal está bajo la superficie, y es posible que la expresión de su rostro no revele sus sentimientos más profundos.
  La doctora Annikki Koistinen, especialista en neurología pediátrica, da las siguientes recomendaciones para facilitar la conversación: “Al principio quizás convenga hablarles sobre la familia o los pasatiempos. Diríjase a ellos de acuerdo con su edad, no como si estuviera hablando con personas más jóvenes. Mencione un solo tema a la vez, usando frases cortas. Deles tiempo para pensar en lo que usted está diciendo”.
  Los padres también necesitan conversar. A usted le será cada vez más fácil ponerse en su lugar al ir comprendiendo mejor los desafíos emocionales a los que se enfrentan. Por ejemplo, Anne, la madre de Markus, anhela conocer mejor a su amado hijo. La entristece que él no sea capaz de hablar con ella y explicarle lo que pasa por su mente. También le preocupa morir antes que su hijo y dejarlo huérfano.
  Sin importar cuánto hagan los padres de un niño con discapacidad mental para cuidarlo, a menudo sienten que deberían estar haciendo más. Laurie, la madre de Bryan, se reprocha cualquier pequeño error que comete al cuidarlo. También se siente culpable por no haber podido dar más atención al resto de sus hijos. El interés y respeto que se muestre por tales padres y sus sentimientos los dignifica y fortalece, tanto a ellos como a sus hijos. A este respecto, Irmgard admite: “Agradezco que me hablen de mi hija. Siento cariño por quienes están dispuestos a compartir las sonrisas y las lágrimas de mi vida con Eunike”.
  Hay muchas formas adicionales de ayudar a estas familias, tanto en cosas grandes como pequeñas. Tal vez pueda invitarlos a su hogar o incluirlos en actividades de su familia. O quizás le sea posible pasar algunas horas con el niño mientras los padres descansan.
[Nota]
Vea el artículo “Loida rompe el silencio” en ¡Despertad! del 8 de mayo de 2000.
[Ilustración de la página 26]
Mostrar interés genuino dignifica a los padres y al hijo
[Ilustración de la página 27]
Los niños con discapacidades mentales, como Eunike, siguen necesitando cariño cuando crecen
[Ilustración de la página 28]
Laurie ha enseñado a su hijo Bryan a escribir en la computadora, fomentando así su independencia

Haga de su hogar un refugio seguro

“SIN [...] cariño natural.” Con estas tristes palabras describe la Biblia a muchas personas de nuestro tiempo, período al que llama “los últimos días” (2 Timoteo 3:1, 3, 4). La epidemia del abuso infantil en la familia es una clara prueba de la veracidad de esta profecía. En efecto, el término griego original á·stor·gos, traducido al español “sin cariño natural”, da a entender la ausencia del amor que debe existir entre los miembros de la familia, especialmente entre padres e hijos. Con demasiada frecuencia es en este ámbito donde se produce el abuso infantil.
Algunos investigadores sostienen que el depredador sexual más común es quien asume la figura paterna, aunque también es corriente que lo sean otros familiares varones. Si bien la mayoría de las víctimas son niñas, se abusa asimismo de muchos niños. El número de mujeres abusadoras no es tan bajo como pudiera suponerse. Quizás los casos que menos se denuncian son los de incesto entre hermanos, en los que un hermano mayor o más fuerte acosa o seduce a uno menor o más débil. Seguramente a usted, querido lector, le producirán asco tales actos.
¿Cómo evitar que estas cosas ocurran en su familia? Para ello es preciso que cada miembro conozca y valore ciertos principios que impiden que uno se comporte de manera abusiva. El mejor lugar para hallar dichos principios es la Palabra de Dios, la Biblia.
La Palabra de Dios y las relaciones físicas
A fin de que la familia sirva de refugio, sus integrantes tienen que seguir las reglas morales de la Biblia. La Palabra de Dios aborda el tema de la sexualidad sin mojigaterías; aunque conserva el decoro, es franca y directa. Enseña que Dios creó la intimidad sexual para el goce de los casados (Proverbios 5:15-20). Al mismo tiempo, desaprueba los actos sexuales fuera del matrimonio; por ejemplo, condena tajantemente el incesto. Note estas palabras en particular del capítulo 18 de Levítico, donde aparece una extensa lista de relaciones incestuosas prohibidas: “No deben acercarse ustedes, ningún hombre de ustedes, a nadie que sea parienta carnal próxima de él para poner al descubierto [su] desnudez [es decir, para tener relaciones sexuales]. Yo soy Jehová” (Levítico 18:6).
Jehová incluyó el incesto entre las “cosas detestables” que se castigaban con la pena de muerte (Levítico 18:26, 29). Está claro, pues, que el Creador tiene normas muy elevadas al respecto. Hoy día, muchos gobiernos ven el asunto de la misma manera, y por eso declaran ilegal el abuso sexual de menores en la familia. Por lo general, sus legislaciones consideran que mantener relaciones sexuales con un menor es una violación. ¿Por qué emplean un calificativo tan duro si no hay fuerza de por medio?
Las autoridades están empezando a reconocer lo que la Biblia ha dicho siempre sobre los niños, a saber, que son incapaces de razonar como los adultos. Por ejemplo, Proverbios 22:15 sostiene que “la tontedad está atada al corazón del muchacho”. Y el apóstol Pablo escribió por inspiración: “Cuando yo era pequeñuelo [...], pensaba como pequeñuelo, razonaba como pequeñuelo; pero ahora que he llegado a ser hombre, he eliminado las cosas características de pequeñuelo” (1 Corintios 13:11).
Un niño no alcanza a entender la real magnitud de los actos sexuales ni a imaginarse las consecuencias a largo plazo. Por ello, existe un consenso general de que los menores no están en situación de dar un consentimiento válido para tener relaciones sexuales. En otras palabras, el adulto (o el joven mayor) que tiene relaciones con un menor no puede justificarse argumentando que este no puso objeciones o que se lo buscó. El adulto es culpable de violación, lo que constituye un delito castigado comúnmente con pena de prisión. La culpa de la violación recae sobre el violador, no sobre la inocente víctima.
Tristemente, la mayoría de estos delitos quedan impunes. En Australia, por ejemplo, se calcula que solo el 10% de los agresores son enjuiciados, y pocos son declarados culpables. Lo mismo sucede en otros países. La verdad es que los gobiernos pueden hacer poco para proteger a la familia cristiana; ahora bien, aplicar los principios bíblicos logra mucho más.
Los verdaderos cristianos reconocen que el Dios que mandó incluir estos principios en su Palabra no ha cambiado. Él conoce todos nuestros actos, hasta los que realizamos fuera de la vista de los demás. Como dice la Biblia, “todas las cosas están desnudas y abiertamente expuestas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).
Dios nos pedirá cuentas si quebrantamos sus leyes y lastimamos a otros; pero, en cambio, nos bendecirá si obedecemos sus mandatos sobre la vida familiar, que son tan útiles. ¿Cuáles son algunos de ellos?
Una familia unida por el amor
‘El amor es un vínculo perfecto de unión’, asegura la Biblia (Colosenses 3:14). El amor del que hablan las Sagradas Escrituras es más que un sentimiento. Se define por las cosas que nos motiva a hacer y a evitar (1 Corintios 13:4-8). Mostrar amor en la familia significa tratar a cada uno de sus miembros con dignidad, respeto y bondad. Significa verlos como los ve Dios, quien ha asignado a cada cual una función honorable e importante.
El padre, como cabeza de la familia, ha de ser el primero en manifestar amor. Entiende que su papel no le da licencia para ser un tirano ni abusar de la autoridad que tiene sobre su esposa e hijos. Por el contrario, procura imitar la forma en que Cristo ejerció su autoridad (Efesios 5:23, 25). Por eso es tierno y amoroso con su esposa, y paciente y dulce con sus hijos. Los protege lealmente y da todo de sí para evitar cualquier cosa que pueda robarles la paz, la inocencia o su sensación de confianza y seguridad.
De igual modo, la esposa y madre desempeña una función de mucha dignidad e importancia. La Biblia utiliza el instinto protector que manifiestan las madres en el reino animal para ilustrar la protección que Jehová y Jesús brindan a sus siervos (Mateo 23:37). Así mismo, la madre humana protege incondicionalmente a sus hijos. Está dispuesta a sacrificar su propia seguridad y bienestar por la de ellos porque los ama. Ni ella ni el padre abusan del poder ni recurren a la intimidación en su trato mutuo o con los hijos; tampoco permiten que estos lo hagan con sus hermanos.
Cuando los miembros de la familia se tratan con respeto y dignidad, hay buena comunicación. Dice el escritor William Prendergast: “Todos los padres deben mantener una comunicación diaria, constante y estrecha con sus hijos pequeños o adolescentes”, y añade: “Esta parece ser la mejor solución al problema del abuso sexual”. De hecho, la Biblia recomienda este tipo de comunicación constante y amorosa (Deuteronomio 6:6, 7). Si se sigue dicha pauta, el hogar se convierte en un lugar donde todos pueden sentirse seguros y expresarse con total libertad.
Es cierto que vivimos en un mundo malvado y no es posible prevenir todos los casos de abuso; pero contar con un hogar seguro es una bendición de Dios. Si un miembro de la familia sufre daño fuera, sabe adónde correr a buscar consuelo y compasión. Un hogar así es un verdadero remanso en medio de un mundo plagado de problemas. ¡Que Dios corone con éxito sus esfuerzos por hacer de su casa un refugio seguro!
[Nota]
Este término del griego antiguo se define “de corazón duro hacia los parientes”. Un comentario bíblico lo traduce “sin afectos humanos” y explica que tales afectos se refieren especialmente al “amor familiar”.
[Ilustración y recuadro de la página 10]
CONSEJOS PARA UN HOGAR SEGURO
Internet. Si sus hijos tienen acceso a Internet, necesitan instrucciones para su uso seguro. Existen innumerables sitios pornográficos, salas de charla y otras redes sociales donde los pedófilos buscan niños y los seducen. Conviene instalar la computadora en un lugar visible donde los padres puedan controlar fácilmente su uso. Los niños nunca deben revelar datos personales sin la autorización de los padres ni acudir a citas con nadie a quien hayan conocido en la Red (Salmo 26:4).
Bebidas alcohólicas. En muchos casos, el alcohol ha sido un factor del abuso infantil. La experiencia indica que los adultos que beben en exceso tienden a perder sus inhibiciones, y algunos ceden a deseos que de otro modo habrían reprimido. Este peligro es una razón más para seguir el consejo bíblico de no embriagarse ni beber en demasía (Proverbios 20:1; 23:20, 31-33; 1 Pedro 4:3).
Privacidad. Una mujer relata: “Después de que mi madre murió, mi padre era el único en casa que tenía cortinas en las ventanas y puerta en el dormitorio. Los demás no teníamos privacidad, ni siquiera en el baño”. Este hombre abusó de todas sus hijas. Los miembros de la familia deben entender la importancia de la privacidad. Tal como los padres necesitan sus momentos de intimidad, también los hijos necesitan más privacidad a medida que van creciendo. Los buenos padres tratan a los demás como les gustaría que los trataran a ellos (Mateo 7:12).

Cómo proteger a sus hijos

EL ABUSO sexual de menores no es en absoluto un tema agradable; dan escalofríos de solo pensarlo, sobre todo a los padres. Sin embargo, es una cruda y espantosa realidad del mundo actual con trágicas consecuencias para los niños. ¿Merece la pena hablar de ello? Pues bien, ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por la seguridad de sus hijos? Conocer algo de las amargas verdades sobre el abuso es un precio ínfimo comparado con las ventajas que puede reportarle.
No deje que esta plaga lo acobarde. Al menos, usted posee facultades que sus hijos no tienen y que les llevará años —o hasta décadas— desarrollar. Con la edad ha adquirido un inmenso caudal de conocimientos, experiencia y sabiduría. La clave está en reforzar dichas facultades y utilizarlas para proteger a sus hijos. A continuación analizaremos tres medidas esenciales que todos los padres pueden adoptar, a saber: 1) convertirse en la primera línea de defensa contra el abuso, 2) instruir a los hijos de forma adecuada sobre el tema y 3) enseñarles acciones de protección básicas.
¿Es usted la primera línea de defensa?
La responsabilidad de proteger a los hijos recae principalmente en los padres, no en los hijos; de ahí que sean ellos quienes deban educarse primero. Hay cosas que usted necesita saber, como por ejemplo, quiénes abusan de los niños y qué tácticas siguen. Muchos se imaginan que los abusadores son extraños que acechan a los niños en las sombras para raptarlos y violarlos. Aunque sabemos por los medios de comunicación que estos monstruos sí existen, son relativamente raros. En un 90% de los casos, el agresor es una persona que el niño conoce y en quien confía.
Naturalmente, cuesta creer que un vecino, un maestro, un médico, un entrenador o un familiar afables puedan mirar con lujuria a su hijo. Y no hay razón para empezar a desconfiar de todo el mundo, pues la mayoría de la gente no hace algo semejante. Aun así, si quiere protegerlo, es preciso que conozca los métodos de que se vale el abusador típico (véase el recuadro de la página 6).
Conocer sus tácticas lo preparará mejor para convertirse en la primera línea de defensa. Supongamos que alguien que parece interesarse más por los niños que por los adultos se muestra especialmente atento con su hijo, le hace regalos, se ofrece a cuidarlo en su ausencia sin cobrar o a llevarlo de excursión. ¿Qué hará? ¿Concluir enseguida que es un pervertido? No. No se precipite a sacar conclusiones, puede ser que las acciones de dicha persona sean inocentes. De todos modos, hay que estar sobre aviso. “Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra —dice la Biblia—, pero el sagaz considera sus pasos.” (Proverbios 14:15.)
Recuerde que todo ofrecimiento que parezca demasiado bueno para ser cierto seguramente lo es. Indague a fondo los antecedentes de cualquiera que se ofrezca a pasar tiempo a solas con su hijo. Hágale saber que usted puede aparecer en cualquier momento para comprobar que todo esté bien. Alicia y Fernando, un matrimonio joven con tres hijos, son muy cautelosos a la hora de dejar a uno de ellos solo con un adulto. Cuando uno de los niños tomaba clases de música en su casa, Alicia le dijo al profesor: “Estaré entrando y saliendo de la habitación mientras usted esté aquí”. Tal vigilancia pudiera parecer exagerada, pero estos padres prefieren prevenir que lamentar.
Participe decididamente en las actividades de su hijo, conozca a sus amigos, revise sus deberes escolares; si se proyecta una excursión, averigüe todos los detalles. Un profesional de la salud mental que durante treinta y tres años atendió casos de abuso sexual comenta que un gran número de ellos pudieron haberse evitado con la sola vigilancia de los padres, y cita estas palabras de un convicto por abuso: “Los padres nos sirven a sus hijos en bandeja de plata. [...] ¡Me lo ponían tan fácil!”. Recuerde que la mayoría de los abusadores buscan presas fáciles, y una forma de evitar que su hijo lo sea es implicarse de lleno en su vida.
Otra manera de ser la primera línea de defensa es saber escuchar. Los niños casi nunca hablan abiertamente del tema por vergüenza o por temor a la reacción. Así que escuche con detenimiento. Preste atención aun al más leve indicio. Si le preocupa algo que su hijo dice, conserve la calma y hágale preguntas para que se abra. Si él no quiere que venga cierto niñero o niñera, pregúntele por qué. Si le cuenta que un adulto juega con él a cosas raras, pregúntele: “¿Qué clase de cosas? ¿Qué te hace?”. Si se queja de que alguien le hizo cosquillas, pregúntele: “¿Dónde te hizo cosquillas?”. No reste importancia a sus respuestas. Los abusadores les dicen a los niños que nadie les creerá, y eso es lo que suele ocurrir. El hecho de que los padres crean al niño que ha sido víctima de abuso y lo apoyen constituye un gran paso hacia su recuperación.
Instrúyalos de forma adecuada
Una obra de consulta especializada contiene la siguiente declaración de un convicto por abuso: “Tráiganme un niño que no sepa nada de sexo, y les presentaré a la próxima víctima”. Estas escalofriantes palabras deben servir de aviso a los padres. Un niño ignorante en materia sexual es mucho más fácil de engañar. La Biblia asegura que el conocimiento y la sabiduría pueden librarnos “del hombre que habla cosas perversas” (Proverbios 2:10-12). ¿No es eso lo que usted quiere para sus hijos? Entonces, como segunda medida preventiva, edúquelos cuanto antes en esta importante cuestión.
Pero ¿cómo hacerlo? A muchos padres les resulta embarazoso hablar de sexualidad con los hijos, y más embarazoso aún les resulta a los hijos. Como no serán ellos los que saquen a relucir el tema, tome usted la iniciativa. Alicia dice: “Comenzamos desde que eran muy pequeños a enseñarles los nombres de las partes del cuerpo. En lugar de utilizar un lenguaje infantil, les hablábamos con palabras reales para mostrarles que ninguna parte del cuerpo tiene nada de raro ni vergonzoso”. Después de esto, la instrucción sobre el abuso resulta más fácil. Muchos padres sencillamente les dicen a sus chiquillos que las partes que cubre el traje de baño son privadas y especiales.
Marina, a quien mencionamos en el artículo anterior, comenta: “Jorge y yo le enseñamos a nuestro hijo que el pene es algo privado, o personal, y que nadie puede jugar con él: ni mamá, ni papá, ni siquiera el médico. Cuando lo llevo al pediatra, le explico que él va a comprobar que todo esté bien, y que por esa razón tal vez lo toque en sus partes privadas”. Ambos progenitores participan en estas breves charlas de vez en cuando, y le reafirman al niño que siempre puede acudir a ellos y contarles si alguien lo toca donde no debe o de una manera que lo haga sentir incómodo. Los expertos en el cuidado infantil y la prevención del abuso recomiendan a todos los padres que tengan este tipo de charlas.
Muchas personas han hallado útil el libro Aprendamos del Gran Maestro para instruir a sus hijos en este tema. El capítulo 32, titulado “Cómo se protegió a Jesús”, transmite a los niños un mensaje directo y a la vez reconfortante sobre los peligros del abuso y la importancia de protegerse. “El libro nos ha venido como anillo al dedo para remachar lo que ya les habíamos dicho a nuestros hijos”, dice Alicia.
En el mundo de hoy, los niños necesitan saber que hay personas que quieren tocarlos —o hacer que ellos las toquen— de manera indebida. Estas advertencias no tienen por qué infundirles pánico ni hacer que desconfíen de todos los adultos. “Es simplemente un mensaje preventivo —dice Marina—; uno más de todos los que les damos y que en su mayoría no tienen nada que ver con el abuso. Mi hijo no está asustado por eso.”
La educación de los hijos debe incluir también una actitud equilibrada hacia la obediencia. Enseñar a un niño a obedecer es una tarea importante y difícil (Colosenses 3:20). Pero no hay que irse a los extremos. Por ejemplo, el niño al que se le inculca que tiene que obedecer siempre a los adultos, en cualquier circunstancia, es muy vulnerable al abuso. Los depredadores sexuales detectan enseguida a un niño que es excesivamente sumiso. Por consiguiente, los padres sensatos enseñan a sus hijos que la obediencia es relativa. Para los cristianos, esto no es tan difícil como pudiera parecer. Es cuestión de decir: “Si alguien te manda hacer algo que Jehová Dios dice que es malo, no le hagas caso. Ni siquiera papá o mamá tienen derecho a pedirte nunca que hagas algo que Jehová dice que es malo. Y si alguien quiere obligarte, debes contárnoslo siempre”.
Por último, enseñe a su hijo que nadie tiene por qué pedirle que tenga secretos para usted, y que en caso de que alguien lo haga, debe venir y contárselo. Aun si lo amenazan seriamente o si él ha hecho algo malo, debe acudir siempre a papá o mamá y contarles todo. Para no asustarlo con estas instrucciones, tranquilícelo asegurándole que la mayoría de la gente nunca hará cosas como estas: tocarlo donde no debe, mandarle que desobedezca a Dios o pedirle que guarde un secreto; y que tal como uno planea por dónde escapar en caso de incendio, estas instrucciones son únicamente por si acaso ocurre algo, y tal vez nunca ocurra.
Enséñeles acciones de protección básicas
El tercer paso es enseñar a los hijos acciones sencillas para protegerse en caso de que alguien intente aprovecharse de ellos y usted no esté presente. Un método muy recomendado es hacerlo en forma de juego. Los padres preguntan: “¿Qué harías si...?”, y el niño contesta. Por ejemplo: “¿Qué harías si estuviéramos en un supermercado y te perdieras? ¿Cómo me encontrarías?”. Quizá la respuesta no sea precisamente la que usted espera, pero puede servirle para formular otras preguntas, como “¿Se te ocurre una idea mejor?”.
También se puede preguntar al niño qué debería hacer si alguien tratara de tocarlo de manera indebida. Si se espanta con estas preguntas, cuéntele una historia usando como personaje a otro niño. Por ejemplo: “Si una nena está con un familiar muy querido y él intenta tocarla donde no debe, ¿qué crees que debería hacer ella para protegerse?”.
¿Cómo puede enseñar a su hijo a afrontar una situación como la anterior? Note la recomendación que da cierto escritor: “Un rotundo ‘¡No!’ o ‘¡No hagas eso!’ o ‘¡Déjame en paz!’ son recursos muy eficaces para ahuyentar a los abusadores y hacer que lo piensen dos veces antes de elegir a su víctima”. Haga pequeñas representaciones hasta que el niño sea capaz de rechazar con firmeza al agresor, salir corriendo y contárselo a usted enseguida. Y aunque parezca que ha aprendido bien la lección, se le puede olvidar al cabo de unas semanas o meses; así que ensaye con regularidad.
Todos los implicados en el cuidado del niño, incluidos los varones —el padre, el padrastro y otros parientes— deben intervenir en estas charlas. ¿Por qué? Porque, de ese modo, todos le estarán prometiendo que nunca cometerán contra él este tipo de ultraje. Lamentablemente, muchos casos de abuso sexual se dan en el seno familiar. El siguiente artículo le mostrará cómo puede hacer de su hogar un refugio seguro en un mundo abusivo.
[Notas]
Los expertos afirman que muchos niños que han sufrido abusos envían señales no verbales. Por ejemplo, el menor que experimenta una regresión en su comportamiento —como volver a orinarse en la cama, pegarse en exceso a los padres o tener miedo de quedarse a solas— quizás esté enviando señales de que algo malo le está pasando. Desde luego, estos síntomas no son una prueba concluyente de abuso. Por eso, sondee calmadamente a su hijo para saber qué le afecta y así poder consolarlo, tranquilizarlo y protegerlo.
A fin de simplificar la redacción, emplearemos el género masculino para referirnos al abusador y a la víctima; no obstante, los mismos principios se aplican al género femenino.
Editado por los testigos de Jehová.
[Comentario de la página 5]
Sea la primera línea de defensa
[Comentario de la página 7]
Instrúyalos de forma adecuada sobre el tema
[Comentario de la página 8]
Enséñeles acciones de protección básicas
[Recuadro de la página 4]
EL ABUSO SEXUAL, UN PROBLEMA MUNDIAL
  En el año 2006, el secretario general de las Naciones Unidas presentó ante la Asamblea General un informe mundial sobre la violencia infantil realizado por un experto independiente. Se calcula que en un año reciente, 150.000.000 de chicas y 73.000.000 de chicos menores de 18 años “tuvieron relaciones sexuales forzosas o sufrieron otras formas de violencia sexual”. Si bien las estadísticas son pasmosas, el informe aclara que las cifras se quedan cortas. Un análisis de estudios realizados en veintiún países indica que en algunos lugares hasta el 36% de las mujeres y el 29% de los varones han sido objeto de algún tipo de agresión sexual durante su infancia. La mayoría de los agresores eran familiares.
[Recuadro de la página 6]
ESTRATEGIA DEL ABUSADOR
  El abusador no es tan tonto como para forzar a sus víctimas; prefiere, más bien, seducirlas poco a poco. Empieza eligiendo un blanco, por lo general un niño que parece vulnerable y confiado, y por tanto, relativamente fácil de manipular. Entonces lo hace objeto de especial atención. También es posible que intente ganarse la confianza de los padres. El abusador es un experto en fingir interés genuino por el niño y su familia.
  Con el tiempo, el depredador comienza a preparar al menor para el abuso. Va aumentando de manera gradual el contacto físico prodigándole muestras de afecto, jugando a la lucha y haciéndole cosquillas, cosas que parecen totalmente inocentes. Tal vez le haga obsequios costosos y empiece a apartarlo de los amigos, los hermanos y los padres para estar a solas con él. Entonces llega el momento en que le pide que esconda de los padres un secreto, ya sea un regalo que le ha hecho o una excursión que planea. Con estas tácticas prepara el terreno para la seducción. Una vez que se ha ganado la confianza del niño y de los padres, está listo para dar el siguiente paso.
  De nuevo actúa con sutileza en lugar de emplear la fuerza o la violencia. Quizás se aproveche de la curiosidad natural que siente el niño por la sexualidad y se ofrezca a hacer de “maestro”, o le sugiera “jugar a algo especial” que será su gran secreto. Es posible también que le enseñe imágenes pornográficas para que vaya aceptando este comportamiento como algo normal.
  Si consigue abusar del menor, entonces trata por todos los medios de que no se lo cuente a nadie, valiéndose para ello de tácticas como la amenaza, el chantaje y el sentimiento de culpa. Por ejemplo, pudiera decir: “Es culpa tuya porque no me pediste que me detuviera”. Y quizás añada: “Si les cuentas a tus padres, van a llamar a la policía y me van a meter en la cárcel para siempre”; o también: “Este es nuestro secreto. Si lo cuentas, nadie te va a creer. Y si tus padres algún día se enteran, les hago daño”. Las tácticas astutas y maliciosas de estos individuos no tienen límite.
[Ilustración de la página 5]
Participe en las actividades de sus hijos
[Ilustración de la página 7]
Eduque a sus hijos en materia sexual
[Ilustración de la página 8]
Enseñe a sus hijos a actuar con firmeza y resolución ante un abusador

El problema en la infancia

Los defectos en la percepción del color por lo general son hereditarios y están presentes desde el nacimiento, y los niños con este problema suelen compensarlo sin darse cuenta. Por ejemplo, aunque no distingan la diferencia entre ciertos colores, tal vez perciban diferencias de contraste y de brillo y relacionen estas variaciones con los nombres de los colores. También es posible que aprendan a identificar los objetos por su forma y textura, y no por el color. Lo cierto es que muchos pasan la infancia sin ser conscientes de su incapacidad.
Como las escuelas suelen emplear materiales educativos codificados con colores, especialmente para la etapa preescolar, es posible que los padres y los maestros lleguen a la conclusión errónea de que un niño tiene un problema de aprendizaje cuando en realidad lo que le pasa es que no distingue bien los colores. Una maestra llegó a castigar a un pequeño de cinco años por pintar un dibujo con nubes de color rosa, personas verdes y árboles con hojas marrones. A un niño con esta deficiencia, esos colores pueden parecerle perfectamente normales. Con razón, algunos expertos recomiendan que a los niños en edad preescolar se les hagan con regularidad exámenes de la visión en color.
Aunque no se conoce la cura para este padecimiento, lo cierto es que ni empeora con la edad ni aumenta el riesgo de otros defectos visuales. Con todo, puede resultar frustrante. Sin embargo, bajo el Reino de Dios, Jesucristo eliminará todo rastro de imperfección de los seres humanos fieles. Así, la gente con defectos visuales de cualquier tipo verá la obra de Jehová en toda su gloria 

Ya no soy esclavo del alcohol

Un poco de alcohol puede ir bien con una comida o contribuir a la alegría de una celebración. No obstante, el consumo de alcohol tiene graves consecuencias para ciertas personas. Veamos el relato de un hombre que logró romper las cadenas del alcoholismo.
AUNQUE han pasado muchos años, aún es doloroso para mí hablar sobre la tensión que reinaba en casa cuando yo era niño. Mis padres se ponían a beber, y papá terminaba golpeando a mamá. A veces yo me convertía en el objeto de sus rápidos puños. Tenía apenas cuatro años cuando ellos decidieron separarse, y recuerdo que me llevaron a vivir con mi abuela materna.
Yo sentía que nadie me quería. Con solo siete años, bajaba a escondidas al sótano para beber vino casero, pues eso parecía aliviar mi tristeza. Cuando tenía 12 años, mi madre y mi abuela se enzarzaron en una discusión acalorada acerca de mí. Mamá se enojó tanto que me lanzó una horqueta, pero logré esquivarla. Esa no fue la única ocasión en que mi vida estuvo en peligro. Sin embargo, las cicatrices físicas que me quedaron no fueron tan profundas como las cicatrices emocionales.
A los 14 años ya era un bebedor habitual, y a los 17 me fui de casa. Tomar alcohol aumentaba mi confianza, así que me ponía muy agresivo y causaba muchos problemas en los bares de la localidad. Beber era mi único placer en la vida. En un solo día tomaba hasta cinco litros [5 cuartos de galón] de vino y varias cervezas, así como bebidas fuertes.
Cuando me casé, mi afición a la bebida le causó enormes problemas a mi esposa. Se acumularon el resentimiento y la amargura, y acabé golpeando tanto a ella como a mis hijos, reproduciendo así el ambiente destructivo en el que me había criado. Casi todo el dinero que ganaba lo gastaba en alcohol. Como no teníamos muebles, mi esposa y yo dormíamos en el piso. Mi vida no tenía ningún sentido, y no hacía nada por mejorar la situación.
Un día hablé con un testigo de Jehová. Le pregunté por qué había tanto sufrimiento, y él me mostró en la Biblia la promesa divina de un mundo libre de problemas. Eso me convenció de que debía estudiar la Biblia con los Testigos. A medida que ponía en práctica las enseñanzas bíblicas y reducía el consumo de alcohol, nuestra vida familiar fue mejorando muchísimo. No obstante, comprendía que si quería servir a Jehová Dios como a él le agrada, tenía que superar mi problema con la bebida. Después de tres meses de lucha, conseguí librarme del alcohol. Seis meses más tarde dediqué mi vida a Dios y lo simbolicé mediante el bautismo.
Gracias a que me liberé de la esclavitud al alcohol, logré pagar todas mis deudas y pude comprar una casa y un automóvil, el cual usamos para ir a las reuniones cristianas y para predicar. Por fin he logrado tener autoestima.
A veces me ofrecen una bebida en reuniones sociales. Muchos no están al tanto de que tengo una enorme lucha interna y de que con un solo trago podría volver a mis anteriores caminos. Mi deseo de tomar alcohol es aún persistente. Se requiere mucha oración y determinación para tener la fortaleza de rechazar un trago. Cuando tengo sed, la sacio con cualquier bebida que no sea alcohólica. No he probado ni una sola gota de alcohol durante los últimos diez años.
Jehová puede lograr lo que el hombre no puede. Él me ha ayudado a conseguir una libertad que jamás creí posible. Aún perduran las cicatrices emocionales de mi niñez, y libro una batalla continua contra pensamientos negativos. Por otro lado, he sido bendecido con una buena relación con Dios, una congregación de verdaderos amigos y una maravillosa familia que también sirve a Jehová y que me apoya incondicionalmente en mi lucha contra el alcohol. Mi esposa dice: “Antes, mi vida era un infierno. Pero ahora estoy muy agradecida a Jehová por tener una feliz vida familiar con mi esposo y mis dos hijos”. (Colaboración.)
[Comentario de la página 21]
A los 14 años ya era un bebedor habitual
[Comentario de la página 22]
Jehová puede lograr lo que el hombre no puede
LA BIBLIA Y EL ALCOHOL
▪ La Biblia no condena el uso del alcohol. Más bien, indica que el “vino que regocija el corazón del hombre mortal” es un regalo de Dios (Salmo 104:14, 15). Las Escrituras también emplean la vid como símbolo de prosperidad y seguridad (Miqueas 4:4). De hecho, el primer milagro que realizó Jesucristo fue transformar agua en vino en un banquete de bodas (Juan 2:7-9). Y cuando el apóstol Pablo se enteró de los “frecuentes casos de enfermedad” de Timoteo, le recomendó que bebiera “un poco de vino” (1 Timoteo 5:23).
▪ Lo que la Biblia condena es beber en exceso:
  “En el reino de Dios no tendrán parte [...] los borrachos.” (1 Corintios 6:9-11, La Palabra de Dios para Todos, 2000.)
  “No anden emborrachándose con vino, en lo cual hay disolución.” (Efesios 5:18.)
  “¿Quién tiene el ¡ay!? ¿Quién tiene desasosiego? ¿Quién tiene contiendas? ¿Quién tiene preocupación? ¿Quién tiene heridas sin causa? ¿Quién tiene deslustre de ojos? Los que se quedan largo tiempo con el vino, los que entran en busca de vino mezclado. No mires el vino cuando rojea, cuando luce centelleante en la copa, cuando baja con suavidad. A su fin muerde justamente como una serpiente, y segrega veneno justamente como una víbora. Tus propios ojos verán cosas extrañas, y tu propio corazón hablará cosas perversas.” (Proverbios 23:29-33.)
  Como muestra el artículo acompañante, algunos que han tenido problemas con el alcohol han tomado la prudente decisión de abstenerse por completo de él (Mateo 5:29).

Alguien escucha su silencio

TRAS un embarazo normal, di a luz a Hillary, una niña aparentemente saludable. Al examinarla, el médico dijo que tenía el paladar hendido, pero que el defecto por lo general se corrige fácilmente con cirugía a los dos años de edad. Eso sí, la bebé tendría dificultades para mamar, pues como le faltaba parte del paladar, no tenía la cavidad necesaria para succionar.
Durante los tres primeros meses le di de comer con biberón. Pero al cuarto mes, ella descubrió de alguna manera cómo cerrar su cavidad nasal para crear un vacío y poder mamar. ¡Qué alivio sentí! En poco tiempo empezó a recuperar peso, y todo parecía marchar bien. Era capaz de balbucear, de sujetar cosas con las manos y de sentarse por sí sola.
Síntomas misteriosos
Hillary llegó a la edad en que los bebés empiezan a gatear, pero ella ni siquiera lo intentaba; solo se sentaba en el suelo y así se iba empujando. Esto me parecía extraño, pues mi hija mayor, Lori, no hacía eso cuando tenía su edad. Al conversar con otras madres, me enteré de que hay niños totalmente sanos que jamás gatean, así que dejé de preocuparme tanto.
Aunque ya iba a cumplir un año, la niña sabía muy pocas palabras. Es cierto que esto no era lo más normal, pero yo sabía que cada niño es distinto y que algunos aprenden a hablar antes que otros. Hillary tampoco trataba de levantarse para caminar. De modo que la llevé al pediatra, quien me explicó que tenía los pies planos. Sin embargo, pasaron dos meses y ella seguía igual.
Regresamos al pediatra, y entonces nos dijo que Hillary era perezosa. Cuando cumplió los dieciocho meses, no daba ni un paso y dejó de decir las pocas palabras que ya sabía. Llamé al médico y le dije que algo le pasaba a mi hija. Nos envió a un neurólogo, quien mandó hacerle muchos análisis y un electroencefalograma (para estudiar la actividad eléctrica del cerebro), el cual demostró que sufría crisis epilépticas. El especialista también dijo que Hillary presentaba algunas características que a menudo se relacionan con trastornos neurológicos, como manchas café con leche en la piel y ciertas anomalías en su contacto visual. Yo sabía que algo tenía mi niña, pero el neurólogo no supo darle un diagnóstico.
Pese a que las pruebas indicaban que a Hillary le daban crisis epilépticas, nunca lo habíamos notado. No obstante, era obvio que no se sentía bien, pues sufría crisis de llanto casi a diario. La única manera de calmarla era cantándole y paseándola en auto por el vecindario. Tuvimos que hacerlo en tantas ocasiones que algunos vecinos nos preguntaron por qué pasábamos una y otra vez frente a sus casas.
Después de cumplir un año, Hillary comenzó a hacer extraños movimientos con las manos: se las acercaba y alejaba de la boca constantemente. Llegó a hacerlo siempre que estaba despierta. Además, pasó una época en la que casi no dormía: a veces se echaba una pequeña siesta, pero no conciliaba el sueño por las noches.
Claro, también había cosas de las que Hillary disfrutaba, como la música. Pasaba horas y horas viendo en la televisión programas musicales para niños. Con todo, sus problemas neurológicos iban de mal en peor. Comenzó a manifestar anomalías respiratorias, como hiperventilación y apnea. De hecho, a veces pasaba tanto tiempo sin respirar, que sus labios se ponían morados. ¡Qué sustos pasábamos!
Le dimos medicamentos para tratar las crisis epilépticas, pero tenían efectos secundarios. Así que nos pusimos a buscar otros tratamientos; visitamos médicos y terapeutas especializados y le hicimos más análisis. En fin, probamos todas las opciones que nos ofrecían tanto la medicina convencional como la alternativa, pero nadie lograba darnos un diagnóstico, mucho menos una solución.
Por fin se aclara el misterio
Cuando Hillary tenía más o menos cinco años, una amiga mía leyó en el periódico de su ciudad sobre una niña con síndrome de Rett (SR), un trastorno genético poco conocido. Como vio que el artículo describía síntomas parecidos a los de Hillary, me lo envió.
Con estos datos consultamos a otro neurólogo experto en el tema. A principios de la década de los noventa, los investigadores estaban casi seguros de que el SR era un trastorno genético, ya que se había detectado mayormente en niñas. Sin embargo, todavía no se había identificado su marcador genético. La única manera de diagnosticarlo era observando los síntomas, con la dificultad de que muchos de estos se confunden con los del autismo y los de la parálisis cerebral. El neurólogo nos confirmó que Hillary padecía el síndrome de Rett, pues presentaba casi todos los síntomas.
Me puse a leer todo lo que encontraba sobre la enfermedad, que en aquel entonces no era mucho. Aprendí que de entre 10.000 y 15.000 niñas, una tiene el SR, y que no existe tratamiento que lo cure. Pero leí algo que hubiera preferido no leer: un porcentaje mínimo de tales niñas muere sin causa aparente. Con todo, me enteré de algo que, hasta cierto grado, fue positivo, y tiene que ver con la característica principal del síndrome, que se llama apraxia. Esta se define como “la incapacidad de coordinar pensamiento y movimiento. Es el handicap [o discapacidad] más fundamental del SR y afecta a todos los movimientos corporales, incluyendo el habla y la mirada. Aunque la niña con SR no pierda la capacidad de mover el cuerpo, pierde la capacidad de decirle al cuerpo cómo y cuándo moverse. Ella puede tener el deseo y la voluntad de moverse, pero es incapaz de llevarlo a cabo” (Manual del síndrome de Rett).
¿Y qué tiene esto de positivo? Pues que la apraxia no perjudica la inteligencia de las niñas, sino que solo la mantiene oculta debido a que les impide comunicarse casi por completo. Con razón algo me decía que Hillary estaba consciente de lo que pasaba a su alrededor, pero yo no podía asegurarlo porque ella no habla.
Además de haber perdido la capacidad de hablar y caminar (debido a la apraxia), Hillary sufre crisis epilépticas, tiene escoliosis, le rechinan los dientes y padece otros problemas físicos, como la mayoría de las niñas con SR.
Segura de mi esperanza
Recientemente se descubrió el gen que causa el síndrome de Rett. Se trata de un gen muy complejo que inhibe la función de otros genes cuando dejan de ser necesarios. En la actualidad se realizan investigaciones exhaustivas con el fin de encontrar tratamientos eficaces.
Aunque Hillary ya tiene 20 años, depende totalmente de alguien que pueda darle de comer, vestirla, bañarla y cambiarle el pañal. Solo pesa unos 45 kilos [100 libras], pero no es fácil cargarla. Por eso, Lori y yo nos valemos de una grúa eléctrica tanto para acostarla y levantarla de la cama, como para meterla y sacarla de la bañera. Un amigo allegado le puso rueditas a un sillón reclinable para que nos fuera más fácil moverla de un lado a otro.
En vista de la situación, rara vez nos es posible llevar a Hillary a las reuniones en el Salón del Reino de los Testigos de Jehová. Pero eso no quiere decir que pasamos hambre en sentido espiritual. En casa, por ejemplo, contamos con una conexión telefónica para escuchar las reuniones, lo que permite que Lori y yo nos turnemos para cuidar a Hillary. Así, mientras una se queda en casa con ella, la otra asiste al Salón del Reino.
Hillary es alegre y cariñosa en la medida de sus circunstancias. Solemos leerle pasajes de Mi libro de historias bíblicas y del libro Aprendamos del Gran Maestro. A menudo le recuerdo que Jehová la quiere mucho, que muy pronto le devolverá la salud y que entonces podrá expresar todo cuanto sé que quiere decir y que por ahora no puede.
La verdad es que me resulta difícil saber hasta qué grado me entiende Hillary debido a su escasa comunicación. No obstante, es capaz de decir muchas cosas con tan solo una mirada o un pestañeo y algunos sonidos vocálicos. Le explico que, aunque yo no comprendo todo lo que me dice, Jehová sí escucha su silencio y la entiende (1 Samuel 1:12-20). Y ella, por su parte, me ha dado a entender que habla con él. Anhelo el día en que, bajo el Reino de Dios, “la lengua del mudo clam[e] con alegría” (Isaías 35:6). Entonces escucharé a mi hija romper su silencio. (Colaboración.)
[Nota]
Ambos editados por los testigos de Jehová.
[Comentario de la página 19]
Después de cumplir un año, Hillary comenzó a hacer extraños movimientos con las manos: se las acercaba y alejaba de la boca constantemente
Comenzó a manifestar anomalías respiratorias, como hiperventilación y apnea
“[La paciente] puede tener el deseo y la voluntad de moverse, pero es incapaz de llevarlo a cabo.” (Manual del síndrome de Rett)
Le explico que, aunque yo no comprendo todo lo que me dice, Jehová sí escucha su silencio y la entiende
SÍNTOMAS DEL SÍNDROME DE RETT
  La mayoría de las niñas con síndrome de Rett sufren una regresión general en algún momento posterior a los seis o a los dieciocho meses de edad, y pueden presentar los siguientes síntomas:
□ Retardo en el crecimiento de la cabeza entre los cuatro meses y los cuatro años.
□ Pérdida de destreza en los movimientos de las manos.
□ Pérdida de la capacidad del habla.
□ Movimientos repetitivos de las manos (torsión, palmoteo o tamborileo). Hay niñas que se llevan las manos a la boca repetidas veces o las mueven como si se las estuvieran lavando.
□ Si la paciente camina, lo hace con rigidez y con las piernas muy abiertas. Al crecer, se mueve y camina con mayor dificultad.
□ Problemas respiratorios: apnea (retención de la respiración) o hiperventilación (aceleramiento de la respiración).
□ Crisis epilépticas: el cerebro genera de repente señales eléctricas muy fuertes. Aunque afectan el comportamiento y la movilidad, no constituyen un riesgo en sí mismas.
□ Escoliosis (desviación de la columna vertebral).
□ Rechinar los dientes con frecuencia.
□ Tamaño reducido de los pies, que pueden estar muy fríos o hinchados debido a la mala circulación.
□ Peso y estatura por debajo de lo normal. Irritabilidad y dificultad para conciliar el sueño, masticar y tragar. Además, hay niñas que tiemblan cuando se enojan o se asustan.
[Reconocimiento]
Fuente: Asociación Internacional del Síndrome de Rett

Busca poemas de amor y mistad