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Como determinar si un nño murio por maltrato infantil

26.4.09



Los patólogos revisan detalladamente el cuerpo en busca de viejas cicatrices que ayuden a identificar el cuerpo. Los golpes o heridas recientes también son importantes para establecer las causas y la forma de la muerte. (LA PRENSA/Orlando Valenzuela)

Martha Solano Martínez


Oficio: médicos forenses
Su misión es responder a cuatro preguntas: cómo, cuándo, quién y por qué murió. Este equipo de médicos deja de un lado la labor asistencialista de los hospitales para convertir su carrera en toda una tarea investigativa
FALTAN CLÍNICAS
Algunos médicos forenses asignados en los departamentos, como en Jinotega por ejemplo, atienden en sus propias casas de habitación, ya que no cuentan con un sitio acondicionado para la práctica de las autopsias.
ATIENDEN A MÁS VIVOS
En el primer mes del año en el IML atendieron a 4,717 pacientes vivos, y recibieron apenas 169 casos de fallecidos.
El reloj apenas marca las 9:35 de la mañana y por esta sala han pasado ya tres cadáveres. Los forenses están ocupados. Sobre una mesa de acero inoxidable yace pálido el cuerpo de un hombre que murió luego de haber recibido tres disparos. El intento de algunos médicos por mantenerlo vivo en el quirófano fue inútil, dos balas certeras le atravesaron la espalda y una más le perforó el pecho. No había más que hacer.
En la mesa vecina, la doctora Michelle Márquez con esfuerzo mueve el cadáver de un señor de aspecto sesentón que murió en la calle. Ahora, la doctora debe quitarle la poca ropa que lleva puesta, pantalón y calzoncillos azules, para “proceder” —como ellos dicen—, a practicarle la autopsia médico legal requerida por la Policía Nacional y así dilucidar las sospechas sobre su muerte.
“Éste fue encontrado en un vecindario, murió en la calle y la gente llamó a la Policía para reportarlo. Parece que era tomador de licor. Entonces lo trajeron aquí y ahora vamos a proceder a realizarle la autopsia para determinar la causa de la muerte, la hora, la forma en que murió y su identificación, en espera de que algún familiar lo reclame”, explica el doctor Néstor Membreño, uno de los dos patólogos forenses del Instituto de Medicina Legal (IML), en Managua.
El doctor, alto, recio, con cara de profesor bonachón, lleva la cabeza cubierta con un gorro blanco, una mascarilla de papel le protege la nariz y boca, y sobre el resto del cuerpo una bata celeste y un delantal de plástico blanco, además de los guantes de latex. Éstas son algunas de las medidas que toman para evitar ser contaminados por las bacterias y enfermedades que portan los cadáveres. Ya ha habido casos en que los análisis demuestran que el difunto padecía meningitis o tuberculosis y los doctores han tenido que someterse a cuarentena.
La autopsia va a comenzar. “Hay dos formas de hacer el corte”, explica Membreño. “Una es en forma de U, como la de aquél (el baleado), y la otra, que es la que me gusta a mí, es en forma de Y. Así se corre menos riesgo de herirse con alguno de los huesos porque se corta por los cartílagos, los huesos más blandos”.
La doctora Márquez se apresura a preparar las cosas. De una mesita ambulante escoge pinzas, bisturí y sostenedores, un juego para el doctor y otro para ella. Se ve entusiasmada, atenta a lo que su colega dice. Esto es parte de sus prácticas profesionales para obtener la especialización en patología general y dice que es una oportunidad importante porque normalmente los médicos realizan sus prácticas en los hospitales y los análisis son superficiales.
“Allá (en los hospitales) las autopsias son clínicas y les hacen más hincapié a lo externo, en cambio, aquí son de trascendencia médico-legal, entonces tenemos que ver la escena (del crimen) y eso no lo vemos allá”, comenta.
El cadáver descansa sobre la mesa fría, desnudo. Con una vieja manguera amarilla le lavan algunas partes cubiertas de tierra. Probablemente cuando ese señor murió, cayó al suelo. También tiene un golpe en el pómulo izquierdo. Tiene la cara y parte del pecho de color morado. “Es señal de que murió de asfixia, probablemente de algún problema en el pulmón o en el corazón. Para eso es la autopsia, para determinar la causa”, enfatiza Membreño, antes de trazar la enorme Y que inicia en los hombros, se une a mitad del pecho y termina en el vientre. El doctor corta las costillas, le destapa el pecho y extrae las vísceras para cortar pequeñas muestras que serán examinadas.
En el extremo de la mesa, otro médico corta el cuero cabelludo del hombre y, a falta de sierra eléctrica, con un pequeño serrucho que acaba de afilar, corta el cráneo. Su misión es extraerle el cerebro para analizarlo y descartar alguna hemorragia u otra enfermedad que le haya causado la muerte.
La sala, muy fría, parece un sitio en decadencia. Tiene puertas y algunos gabinetes de madera, pero no debería ser así. La sala ideal debería tener las paredes cubiertas con azulejos y utensilios de acero inoxidable. Pero bueno, ésa sería la sala ideal. Por ahora, se deben conformar con el par de mesas metálicas y el aire que mantiene fría la sala, con el ambiente impregnado del olor a licor del difunto. También huele a sangre y a sucio, chicuije. Todas esas características quedan anotadas en el informe médico que la doctora se encarga de llenar a medida que el doctor va dictando los hallazgos.
Al olor del cadáver se suman los olores putrefactos que se desprenden de las quince gavetas del frigorífico de la morgue más grande del país. Ahí hay cadáveres viejos. Si nadie los reclama, en el término de tres meses serán enterrados en una fosa común en el cementerio de Ciudad Sandino.
Ésta es la filial central del Instituto de Medicina Legal, que fue fundado hace diez años. Aquí, al principio laboraban 65 personas, pero gracias al tiempo y a la demanda creciente, el personal se duplicó, no así el edificio. Lo que pudo haber sido un centro de trabajo espacioso es ahora un lugar lleno de oficinas en todos los rincones, donde se han establecido clínicas y espacios de laboratorio.
Cuenta el doctor Membreño que antes, cuando no existía el IML, había siete médicos forenses asignados para Managua. No había vacaciones, ni tiempo libre. Debían estar disponibles las 24 horas del día y los 365 días del año. Tampoco había un local donde realizar las autopsias. A veces, cuando los fallecidos no estaban en descomposición, eran evaluados en la morgue del Hospital Lenín Fonseca, donde laboró Membreño hasta que Arnoldo Alemán asumió la Presidencia,
“Cuando no daba abasto, los atendía en un consultorio que tenía en la Clínica San Lucas, ahí me llegaban principalmente casos de lesiones. Había un forense para cada distrito. Hacíamos turnos diarios, no teníamos vacaciones, además hacíamos un rol de turnos de fin de semana sólo para fallecidos. A mí me tocaba el Distrito Cuatro de la Policía y el Juzgado V de Distrito, trabajé con el doctor Enrique Chavarría y la doctora Martha Quezada. Ése es uno de los distritos donde tradicionalmente hay mayor actividad de violencia”, recuerda el médico que con éste suma 22 años de experiencia en esta rama de la Medicina.
Ahora, la situación es otra. Las dificultades aún existen, pero no como antes. Además de contar con una instalación relativamente aceptable, también hay presencia de médicos forenses en todos los departamentos y en un total de 24 municipios. ¿Sólo 24 municipios? Sí, sólo eso en lugar de los 153 municipios que existen en el país. Pero bueno, algo es algo.
El director del IML, doctor Zacarías Duarte, señala que para cubrir completamente las necesidades a nivel nacional, se necesitaría un presupuesto de 18 millones de córdobas anuales, sin embargo, la asignación estatal es de casi cinco millones de córdobas al año.
“El problema nuestro es la cobertura. Estamos obligados a brindar nuestros servicios las 24 horas del día, los 365 días del año. Aunque en un municipio no haya una demanda tan alta, el problema es que si hay un solo médico, él tiene que estar disponible. En Puerto Cabezas hay un solo médico, por ejemplo, pero las demandas de los usuarios las hay todo el tiempo”, agrega Duarte.
Además de eso, hay un déficit mayor. Se necesitan más sicólogos y siquiatras. Contrario a lo que se piensa, el 90 por ciento de las atenciones del IML se realizan en las clínicas sicológicas y siquiátricas. De todas las 24 filiales, sólo en Managua se cuenta con seis sicólogos y dos siquiatras.
El doctor Duarte afirma que “todos los días vienen casos de violencia infantil y maltrato, de manera que el Instituto está más enfocado hacia los vivos que hacia los muertos. Hay cifras de violencia comunitaria que yo creo que están por encima de cualquiera en el resto de Centroamérica, y la violencia intrafamiliar en este país es gravísima. Y eso pasa porque ésa es la realidad”.
Las cifras son muy claras. Cada año, más del 90 por ciento de los peritajes realizados corresponden a personas vivas, y solamente un tres por ciento aproximado es en fallecidos.
En diciembre del 2008, realizaron 5,700 peritajes forenses, 312 casos más que en diciembre del 2007.
Según el Boletín Informativo que el IML divulga en su página web, la mayor cantidad de las atenciones son hacia víctimas de cuatro tipos de violencia: comunitaria, callejera, intrafamiliar y maltrato infantil.
Entre el 2007 y el 2008 hubo un incremento de 1,224 casos atendidos en la filial capitalina, la única que brinda atención sicológica y siquiátrica.
Las sillas azules de la sala de espera del IML casi siempre están ocupadas. En una de ellas una joven, que no supera los 20 años, espera ser llamada para que un médico valore el nivel de las lesiones que denotan su rostro, brazos y piernas.
Las estadísticas indican que el 54.4 por ciento de los peritajes médico legales son realizados al género masculino, en casos relacionados con violencia comunitaria, accidentes y atención a privados de libertad.
El 45.5 por ciento de los casos corresponde a mujeres víctimas de violencia sexual, lesiones psíquicas y violencia intrafamiliar. Un cuadro parecido ocurre en los niños que llegan al centro.
De lo que el doctor Néstor Membreño ha visto en su carrera, que inició antes que existiera el IML en Nicaragua, lo que más le impacta siempre son los casos de niños.
“Cuando un niño presenta una fractura o un golpe, hay que sospechar en primera instancia el maltrato infantil porque un niño no se pude fracturar solo. En los hospitales muchas veces los médicos atienden esos casos como si se tratara de algo normal y olvidan investigar las causas de esa fractura. Para que un niño se quiebre un huesito debe recibir un golpe muy fuerte”, señala el patólogo.
Una vez atendió un caso de una niña de cuatro años. Su mamá trabajaba en la Zona Franca y dejaba a la niña bajo el cuido de una empleada, quien dijo que la niña había sido picada por avispas.
“El cuerpecito de la niña traía edemas hasta en sus partes. En el hospital la atendieron por una quebradura en el fémur, pero murió a los dos días. Sospechaban que la mamá la había asfixiado, pero no describían el maltrato. Ése fue uno de los primeros casos que notificamos como maltrato infantil”, recuerda el médico.
A través de radiografías lograron identificar viejas quebraduras en los huesos de la niñita que además presentaba golpes en varias partes y muchas cicatrices que demostraban que era abusada por quien se supone que la “cuidaba” desde hace un buen tiempo.
El caso fue esclarecido gracias al avance de la tecnología. Antes, hace 20 años, cuando se trataba de cadáveres putrefactos o encontrados en la vía pública, se limitaban a realizar un análisis superficial. Por ejemplo, si descubrían un cuerpo en la orilla del Lago de Managua, determinaban que había muerto por sumersión, sin ir más allá en la investigación. Y si la descomposición era muy avanzada, por orden de las autoridades, se quemaba el cadáver in situ sin que sus familiares lograsen identificarlo.
Tampoco se contaba con un local para realizar autopsias, ni con las herramientas que permitieran conclusiones más exactas. El trabajo era casi rudimentario e incluso, los forenses hacían su trabajo de manera empírica porque no había un protocolo o método establecido para realizar las debidas investigaciones.
En Nicaragua, la evolución en materia médico legal ha ido de la mano con el personal forense. Hace 20 años sólo existían dos médicos graduados como forenses, y fue hasta el 2007 que esos médicos recibieron la debida certificación, tras un convenio entre Colombia y la Universidad Católica de Nicaragua. Durante año y medio los doctores asistieron a talleres y cursos y finalmente obtuvieron el “cartón” que hiciera constar que eran patólogos forenses.

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